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EL DIARIO digital
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El caso de botulismo que conmocionó a Toay y Santa Rosa puso sobre la mesa una realidad técnica poco conocida: una conserva puede salir de fábrica en perfectas condiciones y convertirse en una "bomba biológica" debido a una mala manipulación posterior. Los resultados negativos del Malbrán sobre el stock del comercio refuerzan una de las hipótesis principales: la contaminación o el desarrollo de la toxina en una partida específica o frascos puntuales.
¿Qué es y cómo actúa el botulismo? La enfermedad es causada por la toxina de la bacteria Clostridium botulinum. Esta bacteria vive en el suelo en forma de esporas y solo "despierta" y genera el veneno mortal en condiciones muy específicas: falta de oxígeno (vacío), baja acidez y temperatura ambiente.
En una elaboración masiva, si el proceso de esterilización falla, toda la partida debería estar contaminada. Sin embargo, cuando el brote es "quirúrgico" -afecta solo a quienes compartieron un frasco- el foco cambia hacia la cadena de frío y la manipulación casera. El error más común es creer que el aceite protege; el aceite solo aísla del aire, creando justamente el ambiente sin oxígeno que la bacteria necesita para reproducirse si el frasco queda fuera de la heladera.
Claves para el consumidor
El sonido del éxito: Al abrir un frasco, siempre debe escucharse el "pop" del vacío. Si no suena, el producto debe descartarse de inmediato.
Higiene total: Nunca introducir cubiertos usados o sucios dentro del frasco. Una mínima contaminación externa puede activar el proceso bacteriano.
Frío estricto: Una vez abierto, el escabeche debe ir directo a la heladera. No se debe dejar sobre la mesa durante toda una cena y luego volver a guardarlo, ya que el cambio de temperatura es crítico.
Sospecha visual: Tapas hinchadas, presencia de burbujas o pérdida de líquido son señales de alerta máxima. Cabe recordar que la toxina botulínica muchas veces no altera ni el olor ni el sabor del alimento.
La investigación de la fiscalía sobre la caja entregada "en la vereda" busca determinar si esos frascos sufrieron un golpe de calor o una falla en el sellado que permitió que la toxina se desarrollara de forma aislada, convirtiendo una cena de amigos en una tragedia irreparable.