El historiador local, Pedro Vigne, terminó de revelar la historia detrás de un grupo de amigos que lo usó para competir en el Supercart Pampeano. Lo sacó la misma persona que lo enterró.

Finalmente, pudieron desenterrar el Ford Fairlane que un grupo de albañiles encontró enterrado en el patio de una vivienda en la vecina localidad de Toay mientras excavaban para colocar una pileta. La extracción no fue fácil y solo pudieron sacarlo en diferentes partes.

El curioso episodio, dado a conocer por el historiador local Pedro Vigne, ocurrió en una vivienda ubicada sobre calle Moreno, entre Boulevard Brown y San Luis.

Este martes, Vigne terminó de completar la historia detrás de un grupo de ocho amigos que habían comprado el auto para competir en el Supercart Pampeano entre 1996 y 1998.

El piloto fue el vecino toayense Feliciano Rau, acompañado -como copiloto- por un joven de apellido Ávila.

pedrito

"El auto había sido adquirido a otro piloto de Promocional 850 Ricardo Giovine y antes había participado en competencias de Super Prime con Norberto Mataluna que salió campeón en 1990", destacó Vigne.

Y recordó: "en Toay un grupo de amigos armó una peña para solventar los gastos que demandaría su participación en las competencias. Se logró el apoyo de comercios locales y de la Municipalidad de Toay. No obstante los resultados (que no fueron los esperados) y algunos desperfectos mecánicos, sumado a diferencias de criterios entre quienes estaban a cargo del proyecto, uno de los amigos decidió terminar con el sueño (y problema a la vez) y decidió enterrarlo en ese lugar, que por entonces era el patio del taller".

"Así fue como le quitaron el motor, las ruedas, volante, diferencial y sepultaron el chasis con la carrocería. Allí se terminó todo", aseveró.

Vigne también reveló que la persona que contrataron para desenterrarlo fue la misma que lo enterró, dado que tenía las maquinarias para hacer dicho trabajo.

"¿Vos imaginabas que 23 años después descubrirían el auto le pregunté? 'La verdad que no', me contestó sonriente Larregui", contó el historiador.

El deterioro por el óxido hizo que al sujetarlo con las cuerdas se fuera rompiendo, aunque -finalmente- salió en diferentes partes.

"De a poco se fueron descubriendo las publicidades en las puertas del auto: Panadería La Carlota, Autopiezas 9 de Julio, Frigorífico Toay, YPF El Cruce, Transporte Arteaga... y mi sueño de tenerlo en mi museo del deporte pampeano más o menos intacto, se desvanecía", cerró Vigne.