La Pampa

Los cuidados sociales y un desafío minoritario

La vacunación avanza de manera masiva y las medidas restrictivas contaron con un extendido respaldo ciudadano, aunque no falta la provocación de sectores políticos que también hacen de la intolerancia y la confusión sus herramientas de campaña.

Escuchá esta nota

EL DIARIO digital

minutos

Una de cal...

cal

La llegada ahora sí muy masiva de vacunas al país, y por lo tanto a nuestra provincia, abre en la lucha frente al coronavirus una puerta de optimismo, sobre todo después de que durante una semana el comportamiento ciudadano mayoritario fuera una forma de respaldo a las siempre incómodas medidas restrictivas.

Las normativas dispuestas en el nivel nacional, replicadas en La Pampa, contaron con el respeto, la aceptación y hasta podría decirse el aliento de amplísimos espacios de la comunidad, incluyendo en ese consenso a sectores económicos y productivos perjudicados por las disposiciones de corto plazo pero conscientes de la situación que se atraviesa en pandemia.

La excepción a esa regla fueron las minorías desafiantes que salieron a las calles a jactarse de su falta de cuidados y a hacer bandera de la provocación, pero ese es asunto para algunos párrafos aparte.

Tanto la Argentina como la provincia viven el peor momento desde el inicio de la crisis, con un caudal de contagios y fallecimientos que nunca antes se contó como lo hacen constar las estadísticas oficiales que cada día reproducen alguna mala noticia.

La decisión estatal en esta instancia parece ser una suerte de "descanso" en la estricta cuarentena, para que en la semana que se inicia funcionen algunos comercios y se permita una circulación, aunque acotada, mayor que la de las jornadas anteriores.

Aun así, en La Pampa como en otras jurisdicciones provinciales las clases seguirán brindándose de manera virtual, una metodología que se comprobó exitosa y aceptable, y que evita la masiva circulación que implica poner en marcha el sistema educativo en los distintos establecimientos, con todo lo que ese trámite trae aparejado.

Otra vez en ese caso aparece una excepción estelar: la ciudad de Buenos Aires ya anunció otra vez la presencialidad, para sostener la que ha sido su exacerbada postura política, una mezcla de puesta en escena, aparente convicción mayúscula, fanatismo y capricho.

Las personas expertas y especialistas en el asunto dicen que los resultados de las restricciones más severas recientes podrán medirse recién en algunos días, y a la vez está claro que las autoridades no descartan que en algún otro momento de las semanas por venir -con el invierno ya cercano- puedan volver a establecerse limitaciones del mismo estilo.

Puntualmente en La Pampa, que supo ser una provincia que hasta parecía a salvo de la ola masiva de contagios, están a la vista las consecuencias de los relajamientos -tanto institucionales como ciudadanos- que tuvieron lugar desde aquellos días en que había controles en el ingreso, frenos en la circulación, o clases únicamente remotas.

Lo que entonces parecía imposible -el colapso del sistema sanitario- en pocos días se volvió un riesgo considerable y en este momento sigue constituyendo un verdadero peligro.

...y una de arena...

arena

La manifestación a que se llamó en La Pampa como desafío a las medidas de cuidado fue tan minoritaria que sirvió más para que quedara en evidencia el vacío de esa postura –al menos en nuestra provincia– que para agitar el descontento, como tramaron los sectores que hicieron la convocatoria.

Atada a una marcha de nivel nacional, fogoneada por los medios de comunicación del establishment porteño -que terminan imponiendo el tema en agenda independientemente de su real representatividad-, hubo espacios seudopartidarios y de la comunicación militante que tramaron una suerte de eco pampeano, pero el tiro pareció salirles por la culata.

Las pocas caras visibles de la movida quedaron en ridículo no solo a partir de la escasa concurrencia, sino sobre todo en base a la precariedad argumental de las consignas que sonaron, pese a lo cual se las rebuscaron para incitar a la intolerancia y para concretar una innecesaria visita a la residencia del gobernador.

En ese sentido sí que hay una comunión de intereses y metodologías entre los líderes porteños de estas acciones y sus delegados locales: por esa razón es que sonaron, de manera mancomunada y en unidad, diversas fuerzas políticas que repudiaron los comportamientos agresivos y las intentonas de desestabilización.

Aunque hay personajes cuya incidencia pudiera ser impensada, el escenario se presta a tal grado de irracionalidad, como ya ha ocurrido en otros lugares de la región y del mundo, que más vale que haya alertas respecto del destino del sistema democrático de gobierno, porque tampoco parece una casualidad que en las horas previas a las manifestaciones la presidenta del principal partido de oposición haya soltado al aire una denuncia ridícula, pero que sin embargo contribuye a embarrar la cancha y enrarecer el clima.

Patricia Bullrich, como líder del PRO, acusó al Gobierno Nacional de haber pedido una coima para contar con la vacuna Pfizer, una denuncia revoleada, traída de los pelos, desmentida de inmediato por el propio laboratorio, pero cuyo objetivo final no es esclarecer ni transparentar, sino todo lo contrario: generar un clima de tensión política y enfrentamiento, confundir y generar ruido.

Así se comprende que varias horas después de las manifestaciones, aun cuando en La Pampa esa marcha había resultado a todas luces un episodio bordeando lo bizarro, los acólitos macristas de nuestra provincia se pusieran la misma camiseta que los "covidiotas" para respaldar esos comportamientos bajo la insólita excusa de que se trata de "manifestaciones de descontento popular".

En ese marco, y con un oficialismo que en algunos aspectos pareció exagerar la nota y que en boca del gobernador denunció el intento de "voltear a un gobierno", también llamó la atención el silencio por el que optó el radicalismo, frente a un asunto de evidente interés público y que demanda de las fuerzas partidarias algún tipo de posicionamiento concreto.

Aunque ya es otro grado de la escalada, la virulencia de ese escenario se complementó en la semana que se fue con la colocación de un artefacto explosivo en una sede del Frente de Todos en la cercana Bahía Blanca: evidencia de un clima de intolerancia en el que algunos sectores se sienten impulsados a actuar del peor modo posible.

También te puede interesar...