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EL DIARIO digital
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La marcha por el bebé de Rancul conmovió ayer a la provincia, pero también ofreció un milagro de la política criolla: la conversión repentina de Juan Carlos Tierno al arte de la protesta callejera. El paladín de la "tolerancia cero" y abanderado del garrote contra los cortes de calle reapareció en plena movilización mimetizado entre la multitud, luciendo semblante compungido y sosteniendo su propia pancarta. Ver al exintendente destituido por sus formas autocráticas reclamando en la vía pública desató muecas de incredulidad y no pocas risas de compromiso. La causa que convocó a los vecinos es indiscutible y justa, pero la irrupción de Tierno en el terreno que supo criminalizar con entusiasmo confirma que el libreto del oportunismo no conoce límites.