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EL DIARIO digital
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La Justicia bonaerense condenó a tres de los integrantes de la organización que intentó concretar un millonario robo a una sucursal bancaria de San Isidro mediante un túnel subterráneo de 220 metros, una maniobra que en su momento fue comparada con el recordado "Robo del Siglo".
El plan delictivo salió a la luz en agosto de 2024, cuando una varilla que sobresalía del asfalto llamó la atención de un repartidor y permitió descubrir la excavación clandestina antes de que el golpe pudiera concretarse.
Las condenas
El Tribunal Oral en lo Criminal N.º 3 de San Isidro, a cargo del juez Maximiliano Savarino, condenó a:
Alejandro Israel Rosendo López (44 años), a 2 años y 5 meses de prisión.
Carlos Andrés Cazenave Peña (40 años), ciudadano uruguayo, a 3 años y 4 meses de prisión.
Nicolás Ignacio Carpani Romero (35 años), también de nacionalidad uruguaya, a 3 años y 4 meses de prisión.
Los tres fueron hallados coautores del delito de tentativa de robo agravado por haber sido cometido en poblado y en banda.
En el caso de Cazenave Peña y Carpani Romero, las penas fueron más severas debido a que también fueron condenados por falsificación de documento público, al comprobarse que utilizaron identidades falsas para alquilar un inmueble vinculado a la maniobra.
Aún quedan acusados por juzgar
La investigación continúa abierta y todavía restan dos imputados que deberán enfrentar un juicio oral.
Se trata de Alan Daniel Lorenzo Rodríguez, de 36 años, y César Leonardo Cazenave Peña, de 49, quienes serán juzgados por el Tribunal Oral en lo Criminal N.º 7 de San Isidro. Hasta el momento, la Justicia no fijó la fecha para el inicio del debate.
Los investigadores sostienen que la organización criminal estaba integrada por un grupo mucho más amplio. De acuerdo con la causa, habría al menos siete sospechosos más que permanecen prófugos y son buscados por la Justicia.
El túnel que sorprendió a los investigadores
La excavación clandestina tenía aproximadamente 220 metros de longitud y se extendía a unos cuatro metros de profundidad, con dirección hacia una sucursal del Banco Macro.
El acceso comenzaba en un antiguo taller de chapa y pintura ubicado a poco más de un centenar de metros de la entidad bancaria, desde donde la banda trabajó durante meses para acercarse a la bóveda sin levantar sospechas.
El sofisticado plan quedó al descubierto por un hecho fortuito: un repartidor advirtió una varilla metálica que sobresalía del pavimento y dio aviso a las autoridades, lo que permitió descubrir el túnel antes de que el robo pudiera ejecutarse.
La investigación determinó posteriormente que la organización había planificado cada detalle de la maniobra, que por su nivel de complejidad recordó al histórico asalto al Banco Río de Acassuso ocurrido en 2006.