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EL DIARIO digital
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En una maniobra que ya desató ruido político en Washington, Donald Trump aseguró que el conflicto con Irán "terminó" justo cuando se le vencía el plazo legal para rendir cuentas ante el Congreso. La jugada no es menor: con una carta enviada al Capitolio, el mandatario intentó cerrar el frente bélico y, de paso, evitar un choque institucional de alto voltaje.
El truco del "cese al fuego"
El argumento de la Casa Blanca es tan simple como polémico: si no hay disparos, no hay guerra. Según Trump, el cese al fuego vigente desde principios de abril frena el reloj de la War Powers Resolution of 1973, la norma que obliga al presidente a obtener autorización del Congreso después de 60 días de operaciones militares.
En su carta, el republicano fue tajante: no hubo enfrentamientos desde el 7 de abril, por lo tanto, las hostilidades "han cesado". Traducción política: no hay necesidad de pedir permiso.
El Congreso, entre la bronca y la parálisis
Del otro lado, la reacción no tardó. Legisladores demócratas y algunos republicanos salieron a cruzar una interpretación que consideran forzada.
El senador Tim Kaine fue directo: la ley no respalda esa lectura. Más duro aún, Richard Blumenthal disparó que "no hay botón de pausa en la Constitución".
El problema de fondo es que, mientras Trump declara el fin de la guerra, Estados Unidos mantiene un bloqueo naval sobre Irán. Es decir: sin balas, pero con presión militar activa. Una zona gris que incomoda incluso dentro del Partido Republicano.
La grieta también cruza a los republicanos
Aunque la conducción republicana evita forzar una votación, el malestar crece. Figuras como Susan Collins ya rompieron filas y exigen respetar el plazo legal. Otros senadores condicionan su apoyo a una eventual reanudación del conflicto.
El mensaje es claro: el respaldo no es automático.
Una vieja pelea con nueva tensión
Trump no innovó en el fondo, pero sí en la forma. Al igual que Bill Clinton y Barack Obama, volvió a cuestionar la constitucionalidad de la ley que limita el poder bélico del Ejecutivo. Pero esta vez el contexto es más áspero: una guerra reciente, un cese al fuego frágil y un Congreso cada vez más incómodo.
El trasfondo: poder, petróleo y política
Mientras tanto, el conflicto dejó otra huella: el impacto en los precios del combustible y la presión interna en Estados Unidos. Con el estrecho de Ormuz bajo tensión y el mercado energético en alerta, la discusión ya no es solo jurídica, sino también económica.
Trump apuesta a cerrar el capítulo sin pasar por el Congreso. Pero la pregunta que queda flotando es incómoda: ¿realmente terminó la guerra o simplemente cambió de forma?