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Se terminó la joda del escape libre: buscan compactar motos ruidosas y pegar donde más duele

Se terminó la joda del escape libre
Se terminó la joda del escape libre

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El ruido ya no sería solo una molestia: podría convertirse en sentencia. En la provincia de Buenos Aires, el diputado Manuel Passaglia puso sobre la mesa un proyecto que apunta directo al bolsillo —y al vehículo— de quienes circulan con escapes adulterados. ¿La novedad? No solo multas: secuestro, decomiso y hasta compactación.

Del ruido al desguace: la nueva receta

La iniciativa no se anda con vueltas. Parte de un diagnóstico claro: las sanciones actuales no alcanzan. Para muchos infractores, pagar una multa es apenas un costo más. Por eso, el proyecto propone subir la apuesta con medidas más duras y rápidas.

El esquema incluye:

- Secuestro inmediato del vehículo en infracción

- Decomiso de los escapes ilegales

- Destrucción de los dispositivos

- Y, en casos graves, compactación de la moto o el auto

- La lógica es simple: si el castigo duele de verdad, la conducta cambia.

- Prohibición total: cortar el problema de raíz

Pero el proyecto va más allá del conductor. También apunta a desarmar todo el circuito que alimenta el problema: fabricación, venta e instalación de escapes antirreglamentarios quedarían directamente prohibidas.

Es un intento de cerrar el grifo completo. Porque mientras haya oferta, la demanda sigue rugiendo.

El argumento: ruido que enferma

Desde el entorno de Passaglia insisten en que no se trata de una exageración. El ruido constante de escapes modificados no solo irrita: afecta el descanso, altera la salud y dinamita la convivencia urbana.

La iniciativa establece criterios para aplicar las sanciones más duras, como:

Nivel de ruido generado

- Reiteración de la infracción

- Intencionalidad

- Impacto en zonas sensibles (escuelas, hospitales, eventos)

En esos escenarios, la compactación deja de ser una amenaza lejana y pasa a ser una posibilidad concreta.

Un antecedente que marca el camino

Mientras el debate recién arranca en Buenos Aires, en San Luis ya empezaron a ejecutar medidas en esa línea. El intendente Gastón Hissa encabezó la destrucción de más de 200 escapes adulterados, en lo que definieron como una política sostenida contra la contaminación sonora.

- El mensaje es claro: el reclamo vecinal dejó de ser ruido de fondo y pasó a marcar la agenda.

¿Medida ejemplar o exceso punitivo?

El proyecto promete generar debate. Para algunos, es la respuesta que faltaba frente a un problema cotidiano que nadie lograba controlar. Para otros, abre la puerta a sanciones desproporcionadas y a un Estado con mano demasiado pesada.

Lo cierto es que, si avanza, cambiará las reglas del juego. Y en esa nueva cancha, el que haga ruido… puede quedarse sin moto.

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