Escuchá esta nota
EL DIARIO digital
minutos
En un movimiento que sacude el tablero político, el gobierno de Javier Milei terminó de ajustar los últimos detalles de su ambiciosa reforma electoral y la envió sin escalas al Senado. No es un simple retoque: es una reconfiguración integral del sistema que apunta a cambiar las reglas del juego de raíz.
El proyecto llega con una premisa clara: menos dispersión, más control y una depuración fuerte del sistema partidario. La medida más explosiva es la eliminación definitiva de las Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO). Traducido: cada partido deberá arreglar sus internas puertas adentro, sin el filtro masivo que hasta ahora ordenaba o desordenaba la oferta electoral.
Pero el ajuste no termina ahí. El Gobierno endurece las condiciones para la supervivencia de los partidos políticos. Se eleva el piso de afiliados, se exigen más distritos para tener alcance nacional y se fijan reglas más estrictas para evitar que sellos sin peso real sigan en carrera. La consigna es clara: menos partidos "de papel", más estructuras con respaldo concreto.
Además, el texto incorpora el ya conocido principio de "Ficha Limpia", un guiño directo al discurso anticorrupción que el oficialismo viene instalando desde el inicio de la gestión. A eso se suma un nuevo sistema de avales digitales para oficializar candidaturas, con verificación de identidad a través de la Cámara Nacional Electoral. El mensaje es inequívoco: más trazabilidad, menos improvisación.
En el terreno del financiamiento, la reforma también aprieta las tuercas. Se mantienen los aportes estatales, pero se imponen límites más estrictos a los privados, con topes del 35% por aportante y la obligación de reportar ingresos semanalmente. La lupa estará especialmente sobre las campañas digitales: habrá registro de cuentas oficiales en redes y control del contenido difundido.
Uno de los puntos más sensibles y polémicos es la prohibición de contratar asesores extranjeros. La medida apunta directamente a cortar la influencia externa en las campañas políticas, un tema que venía generando ruido en los pasillos del poder. Además, la Justicia Electoral podrá ordenar la baja de contenidos o gastos irregulares en apenas 24 horas.
El rediseño también alcanza al Parlasur. De manera transitoria, los parlamentarios dejarán de ser elegidos por voto directo y pasarán a ser designados entre legisladores nacionales. Un cambio que reduce costos, pero también abre interrogantes sobre la representatividad.
En síntesis, el Gobierno no está proponiendo una reforma cosmética. Está intentando redefinir cómo se compite, quién puede competir y bajo qué condiciones. Ahora la pelota está en la cancha del Senado, donde el proyecto promete encender un debate caliente. Porque si algo está claro, es que estas nuevas reglas no dejarán a nadie indiferente.