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EL DIARIO digital
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Por Federico Rodriguez Castro
Hay partidos que llegan al poder con un programa económico. Otros, con un programa de seguridad o de reforma institucional. La Libertad Avanza llegó con algo más ambicioso pero de igual manera mas frágil y es su programa moral. La diferencia entre ellos y todos era mas ética que ideológica. Ellos no iban a hacer lo que los otros hacían, supuestamente.
Asi construyeron su mayor activo, pero en la misma frase su mayor riesgo.
Durante la campaña y los primeros dos años de gobierno, el eje moral y ético fue explícito al compas de " la casta robaba, malversaba, usaba el Estado para beneficio propio". El presidente lo dijo en cadena nacional, en foros internacionales y en cada oportunidad que tenia en entrevistas. Adorni lo repitió en cada conferencia de prensa y la gestion entera se construyo sobre esa distinción.
Utilizaron ese eje como base de legitimidad para forzar el ajuste. Pidiendole a la sociedad que el sacrificio solicitado era porque los que lo pedían no estaban aprovechandose. "Aguantamos todos juntos porque nosotros tambien aguantamos".
Pasaron los casos Libra, el Espert gate, el 3% de Karina, ahora los créditos hipotecarios. Son agenda por una semana, van y vienen, la sociedad termina sin saber bien de que se trata o directamente no le da mucha relevancia. Pero el caso del flamante Jefe de Gabinete lleva varias semanas en la agenda pública, y el gobierno sigue sin encontrarle la vuelta, sin armar una estrategia sólida para difuminar la noticia, como paso con otros sucesos oficialistas de mínima reprochables.
El caso Adorni empezó con una foto, la esposa del jefe de Gabinete viajando en el avión presidencial. Una imagen pequeña, casi anecdótica, que sin embargo tocó exactamente el nervio equivocado. Porque el avión presidencial no es un símbolo neutro. Es el símbolo, por excelencia, del Estado usado para beneficio personal. Lo que la casta hacía.
El incendio podría haber sido contenido. Tal vez con una intervención directa del Presidente, asumiendo la decisión de invitar a la esposa de Adorni o simplemente bajándole el tono. No es seguro que hubiese cerrado el tema, pero probablemente no habría escalado de la forma en que lo hizo. Porque cada intento de explicación terminó abriendo una nueva contradicción. No había respuesta posible que no tensionara alguna parte del relato original.
Cuando la moral es el programa, cualquier conducta cuestionable de cualquier funcionario se convierte en una crisis de gobierno, por lo menos por un rato.
Pero no porque el hecho concreto sea grave en términos legales, sino porque merma el único activo que este proyecto tiene con que los anteriores carecían y es la credibilidad de ser distintos.
Max Weber lo describió hace más de un siglo al hablar de la autoridad carismática, un tipo de legitimidad que se haya en la creencia de la superioridad del lider que no se apoya en reglas ni en instituciones. Superioridad moral.
El gobierno de Milei probablemente pueda atravesar el caso Adorni sin costos inmediatos decisivos. Tiene superávit fiscal, supuesto respaldo internacional y un núcleo duro de votantes que no se mueve con facilidad. Incluso, estimo, el jefe de gabinete continuará en su cargo. Y a la oposición, en cierto punto le conviene porque le permite correr y señalar una contradicción permanente.
Si esa posición se llega a perder, el gobierno se conviertirá en uno más. No necesariamente peor que los anteriores, pero tampoco diferente. Y ser diferente era, precisamente para este gobierno, todo.
Pero lo que está en juego no es la estabilidad del gobierno. Es la posición desde la que se habla. La posibilidad de ocupar un lugar moralmente elevado, de juzgar a los demás sin quedar expuesto al mismo juicio.
Encontrando otra ironía en todo esto. Recientemente Milei escribió "la moral como política de estado", "no robando y no codiciando los bienes ajenos" en el Muro de los Lamentos en otro de sus viajes a Israel, al mismo tiempo que su jefe de Gabinete no logra explicar con claridad el origen de sus bienes.
Veremos que pasa.-