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Operativo sorpresa en Catriló: la ruta bajo la lupa y conductores en falta

Despliegue conjunto entre la Agencia Nacional de Seguridad Vial (ANSV) y Policia de La Pampa
Despliegue conjunto entre la Agencia Nacional de Seguridad Vial (ANSV) y Policia de La Pampa
Un fin de semana que prometía rutina terminó convirtiéndose en un verdadero filtro para quienes circulaban por la Ruta Nacional a la altura de Catriló. En un despliegue conjunto entre la Agencia Nacional de Seguridad Vial (ANSV) y efectivos policiales, el puesto caminero se transformó en un punto caliente de controles estrictos, donde más de uno quedó expuesto.

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La movida no fue menor. Con personal llegado desde Santa Rosa y también desde Hudson, en la provincia de Buenos Aires, el operativo tuvo un claro objetivo: mostrar que en la ruta no todo vale. Y los números lo confirmaron rápido.

En total, se labraron 27 actas por infracciones a la Ley Nacional de Tránsito, un dato que deja en evidencia una realidad incómoda: la imprudencia al volante sigue siendo moneda corriente.

Excesos, alcohol y desidia al volante

El radar no perdonó. Diez conductores fueron detectados circulando por encima de los límites permitidos, una conducta que, lejos de ser excepcional, parece naturalizada.

Pero el dato más preocupante llegó con los controles de alcoholemia: cinco casos positivos en conductores particulares. Algunos con niveles que superan ampliamente lo permitido, como 0,9 g/l, mientras que otros, aunque más bajos, siguen siendo ilegales en muchas jurisdicciones con tolerancia cero.

A esto se suman tres conductores con licencias vencidas, además de un combo ya conocido: falta de luces, cinturones ignorados, conductores sin habilitación y cargas peligrosas sobresaliendo de los vehículos.

Controles que incomodan, pero salvan

Desde la Agencia Nacional de Seguridad Vial remarcaron que este tipo de operativos no son casuales ni esporádicos. La estrategia apunta a reforzar la presencia en rutas nacionales, incorporar tecnología y, sobre todo, generar un impacto directo en la conducta de los conductores.

Porque el problema no es solo la infracción en sí, sino la cultura vial que sigue mostrando grietas profundas. Conducir bajo los efectos del alcohol o ignorar normas básicas no es un descuido: es una decisión que puede costar vidas.

La ruta no perdona

El mensaje es claro, aunque a muchos todavía les cueste asumirlo: los controles llegaron para quedarse. Y cada operativo deja al descubierto la misma escena, repetida hasta el cansancio.

Mientras algunos conductores ajustan su conducta, otros siguen jugando al límite, como si la ruta fuera territorio liberado. Pero la realidad es otra: cada acta labrada es una advertencia, y cada control, una oportunidad para evitar una tragedia.

La prevención no es un eslogan. Es, cada vez más, una necesidad urgente.

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