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EL DIARIO digital
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El fallo llegó y dejó más preguntas que alivio. Felipe Pettinato fue condenado a tres años de prisión en suspenso por la muerte de su neurólogo, Melchor Rodrigo, en un incendio que todavía incomoda por sus zonas grises.
La decisión del Tribunal Oral en lo Criminal N°14 cerró al menos en lo judicial un caso que desde el inicio osciló entre la sospecha de un delito grave y la hipótesis de un accidente.
De un delito grave a un "accidente"
El giro clave estuvo en la calificación. Lo que arrancó como "estrago doloso seguido de muerte", con penas que podían llegar a 20 años, terminó reducido a "estrago culposo": un incendio sin intención de matar.
- Ese cambio no es menor. Es, en los hechos, la diferencia entre cárcel efectiva y una condena en suspenso.
El fiscal Fernando Klappenbach sostuvo que existía "beneficio de la duda" y que Pettinato intentó asistir a la víctima. La querella, en cambio, habló de abandono y reclamó 15 años de prisión.
Silencio total del acusado
Durante todo el proceso, Pettinato eligió una estrategia clara: no hablar. No declaró en la investigación, tampoco en las audiencias y ni siquiera utilizó su derecho a decir sus últimas palabras antes del veredicto.
- Un silencio que pesó tanto como las pruebas. O más.
- El dato incómodo que también pesó
El tribunal no miró el caso en aislamiento. Sobre la mesa también estuvo una condena previa: en 2022, Pettinato había recibido nueve meses en suspenso por abuso sexual simple.
- Ese antecedente no definió el fallo, pero sí formó parte del contexto que evaluaron los jueces al momento de dictar sentencia.
Una muerte brutal, una pena leve
El dato más crudo sigue siendo el mismo: Rodrigo murió con el 90% del cuerpo quemado. Una escena extrema que contrasta con una condena que no implica prisión efectiva.
Ahí está el punto de tensión. Para la familia de la víctima, el fallo queda corto. Para la defensa, evita una condena desproporcionada. Para la opinión pública, el caso vuelve a abrir una discusión incómoda: cuándo un hecho trágico es un accidente y cuándo deja de serlo.
- Un cierre judicial, pero no social
- El expediente podrá archivarse cuando la sentencia quede firme. Pero el debate sobre responsabilidades, privilegios y límites difícilmente se apague.
- Porque en este caso, más que certezas, lo que queda es una sensación persistente: que la historia todavía no termina de cerrar.