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EL DIARIO digital
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La discusión ya está servida literalmente y no viene con medias tintas. Desde la estepa patagónica, el productor Julio Cittadini decidió patear el tablero con una propuesta que incomoda, intriga y divide aguas: vender carne de burro como alternativa productiva. ¿Provocación o pragmatismo puro?
En una entrevista en Infobae, el productor no dudó en ponerle el cuerpo al debate: asegura que no se trata de oportunismo por la crisis, sino de una salida concreta frente al derrumbe de la producción ovina en ciertas zonas donde ni las ovejas ni las vacas logran sostenerse.
El argumento es directo: hay campos que ya no sirven para lo tradicional. Y ahí aparece el burro, un animal rústico, resistente y capaz de sobrevivir donde otros no pueden. Según Cittadini, eso lo convierte en una "opción productiva viable" para regiones castigadas por el clima y la baja rentabilidad.
Pero el dato que más ruido genera no es técnico, sino cultural. Porque sí: la carne de burro ya se vende, se cocina y según el propio productor se consume más de lo que muchos estarían dispuestos a admitir.
Del rechazo al asado: el experimento que sorprendió
El experimento piloto fue una bomba silenciosa. Lo que pensaban vender en una semana desapareció en apenas un día y medio. Y una degustación gratuita en una parrilla local se llenó sin esfuerzo.
El menú no ayudó a suavizar el impacto: vacío, entraña, costillar, lomo. Los mismos cortes que el argentino idolatra, pero con otro origen que obliga a repensar el plato.
El precio también juega su partido: alrededor de $7.500 el kilo, bastante por debajo de la carne vacuna. Un dato que, en el contexto actual, no pasa desapercibido.
La verdadera grieta: no es económica, es cultural
Cittadini lo admite sin rodeos: el principal obstáculo no está en la producción ni en el mercado, sino en la cabeza del consumidor. El burro, en Argentina, no es comida. Es símbolo, es historia rural, es otra cosa.
Sin embargo, el productor pone sobre la mesa un dato incómodo: en países como Italia o Francia, su consumo es habitual. Y en China, directamente es industria.
La pregunta, entonces, ya no es si se puede producir. La pregunta es si el argentino está dispuesto a comérselo.
Entre la innovación y el límite social
Por ahora, en la Patagonia el tema no genera escándalo. Al contrario, hay curiosidad y cierta aceptación inicial. Pero el verdadero test todavía no llegó: qué pasará cuando la carne de burro intente meterse en el consumo masivo.
- Porque una cosa es probar por curiosidad. Otra muy distinta es elegirlo en la carnicería.
- Y ahí, en ese momento incómodo frente al mostrador, es donde esta historia recién empieza.
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