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EL DIARIO digital
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El mensaje no dejó margen para interpretaciones: visibilizar la crisis salarial y presupuestaria que atraviesa el sistema universitario, pero también ponerle nombre y apellido al reclamo.
Aulas en la vereda, presión en la puerta
La postal fue imposible de ignorar. Con presencia de la Policía Federal, los docentes montaron clases abiertas en plena calle, fusionando contenido académico con un fuerte tono de denuncia política.
Entre los más duros estuvo Juan Duarte, docente del CBC de la Universidad de Buenos Aires, quien no esquivó el conflicto y apuntó directo contra el funcionario. Cuestionó el incumplimiento de la ley de financiamiento educativo sancionada en 2024 y puso números sobre la mesa.
"El salario docente debía recomponerse un 55,4% solo para volver a diciembre de 2023", advirtió, dejando al descubierto la profundidad del deterioro.
Salarios golpeados y becas congeladas
El diagnóstico del sector ya no era una advertencia, sino una denuncia abierta:
Salarios en niveles históricamente bajos, según señalaron
Fuerte pérdida del poder adquisitivo frente a la inflación
Becas estudiantiles congeladas en $35.000, consideradas insuficientes
El reclamo venía de larga data, pero la escena marcó un giro: la protesta dejó las aulas para instalarse en la puerta de un funcionario clave, en busca de amplificar el impacto político y mediático.
Un conflicto que dejó de ser sectorial
Detrás de la escena hubo algo más que una manifestación puntual. Las universidades nacionales venían alertando por el ahogo presupuestario, mientras el Gobierno mantenía su política de ajuste fiscal, con impacto directo en la educación pública.
La elección de Adorni no fue casual. Su rol como vocero y jefe de Gabinete lo había convertido en una de las caras más visibles del oficialismo y también en blanco directo de las críticas.
El ruido que ya no se puede tapar
Las clases públicas funcionaron como una advertencia. Pero el trasfondo dejó claro que el conflicto estaba lejos de cerrarse.
Porque cuando la universidad salió a la calle, ya no fue solo una protesta: fue la señal de un sistema tensionado al límite. Y esta vez, el ruido no solo se escuchó empezó a incomodar.