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EL DIARIO digital
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Aunque la sed es la señal más conocida, muchas veces llega tarde: el cuerpo ya puede estar levemente deshidratado cuando sentimos ganas de beber. Durante el verano, el calor, la humedad y la sudoración intensa, sumados al consumo de alcohol, café frío o bebidas azucaradas, aumentan la pérdida de líquidos, por lo que es importante prestar atención a otras señales de alerta.
El médico Michael Zemenides, con más de 20 años de experiencia en el Reino Unido, señala seis indicios que no conviene ignorar:
Boca seca y labios agrietados: La sequedad en la boca, lengua o labios suele aparecer antes que la sed y es uno de los primeros signos de falta de agua.
Orina oscura o escasa: Una orina de color amarillo intenso o con olor fuerte indica que el cuerpo retiene líquidos. Orinar con poca frecuencia también puede ser un indicador.
Mareos o sensación de debilidad: La deshidratación puede bajar la presión arterial y provocar mareos, náuseas o inestabilidad, sobre todo al levantarse rápido.
Dolores de cabeza: La disminución del líquido que protege al cerebro puede generar cefaleas, comunes en días de calor intenso.
Fatiga y bajo rendimiento: La falta de agua afecta la energía, la concentración y la tolerancia al esfuerzo, incluso en tareas cotidianas.
Estreñimiento: El agua es fundamental para la digestión y, con calor y sudoración, la falta de líquidos puede agravar el estreñimiento.
Recomendaciones de hidratación en verano
Aunque se suelen recomendar entre seis y ocho vasos de agua al día, esta cantidad puede ser insuficiente durante el verano. Las necesidades aumentan en situaciones de:
- Temperaturas elevadas u olas de calor
- Ejercicio o actividad física intensa
- Sudoración abundante
- Consumo de alcohol
- Permanencia prolongada al aire libre o en la playa
"No hay una medida única. La hidratación debe ajustarse al clima, al cuerpo y a la actividad diaria", señala Zemenides.
Impacto de la deshidratación en el organismo
El agua cumple funciones esenciales: regula la temperatura corporal, mantiene la presión arterial, cuida la función renal y facilita la digestión. Cuando la deshidratación se prolonga, aumenta el riesgo de golpes de calor, infecciones urinarias, calambres, confusión y caídas, especialmente en niños y adultos mayores.
Estar atento a estas señales y reponer líquidos de forma constante puede prevenir complicaciones y mejorar el bienestar general, incluso antes de sentir sed.