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EL DIARIO digital
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La decisión llegó después de semanas de tensión, muertos en las calles y una ciudad al borde del colapso político. El enviado de Donald Trump a Mineápolis, Tom Homan, anunció este miércoles el retiro "inmediato" de 700 agentes federales de migraciones desplegados en la ciudad tras el homicidio de dos manifestantes durante operativos federales. El mensaje, cuidadosamente medido, reconoce lo que hasta ahora se negaba: la estrategia de máxima presión tenía un costo difícil de sostener.
Homan, designado por Trump y conocido como el "zar fronterizo", admitió ante la prensa la necesidad de "desescalar un poco" la situación en una ciudad y un estado gobernados por demócratas. La frase, más política que técnica, marca un punto de inflexión luego de semanas en las que Mineápolis se convirtió en escenario de protestas constantes por las redadas contra migrantes ordenadas desde la Casa Blanca.
Según explicó, la retirada se debe a una "mejor colaboración" con las autoridades locales y a una "menor necesidad" de presencia federal. "Nunca habíamos tenido este tipo de cooperación", celebró, aunque evitó precisar si la medida alcanza solo a la ciudad o a todo el estado de Minesota. La ambigüedad no es casual: deja margen para volver a endurecer la postura si el clima político vuelve a tensarse.
Desde hace semanas, miles de agentes federales muchos de ellos armados y con pasamontañas multiplicaron los operativos en el estado como parte de uno de los ejes centrales del segundo mandato de Trump: la expulsión de migrantes indocumentados. El despliegue, más cercano a una ocupación que a un operativo de rutina, desató protestas masivas y terminó con un saldo que forzó a recalcular.
Homan defendió los resultados de la ofensiva. Habló de "avances significativos" y detalló cifras que la administración considera un aval de su política: 139 detenidos por agresión, 87 por delitos sexuales y 28 por pertenencia a pandillas. Números duros para justificar una estrategia dura. Pero insuficientes para silenciar el impacto político y social de dos muertes a manos de agentes federales.
El retiro de los 700 agentes no implica un giro humanitario ni un cambio de rumbo estructural. Es, más bien, un reconocimiento táctico de que el conflicto había escalado demasiado, especialmente en un territorio políticamente adverso para la Casa Blanca. Trump puso a Homan al frente para imponer orden; ahora le pide que baje un cambio.
Mineápolis queda, por el momento, con menos uniformes federales en sus calles. La pregunta es si también queda con menos tensión o si esta retirada es apenas una pausa en una estrategia que, cuando se empuja al límite, termina chocando con la realidad. Porque cuando el control migratorio se impone a fuerza de redadas y muertos, la desescalada no es una concesión: es una necesidad.