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EL DIARIO digital
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La escena de Nicolás Maduro caminando por los pasillos del penal donde fue alojado con sonrisa sostenida, saludos casi ceremoniales y pulgares en alto fue leída por el CEEC (Centro de Estudios en Evaluación de la Credibilidad) como un repertorio de gestos incongruentes con la gravedad del contexto. En términos de comunicación no verbal, el contraste entre lo que ocurre y lo que se "actúa" frente a cámara suele ser el dato más revelador.
Desde ese enfoque, la ausencia de una reacción emocional acorde (lo que el equipo describe como falta de "resonancia" con la situación vivida) aparece en bibliografía y estudios de conducta vinculados a personas sometidas a procesos judiciales por hechos de extrema gravedad. En esos marcos, se documentan sonrisas fuera de lugar, actitudes desafiantes o gestos burlones como parte de una puesta en escena que pretende bajar el dramatismo de la detención.
El saludo teatralizado y la sonrisa mantenida operarían, según el análisis, como un mecanismo doble: por un lado, negación de la realidad; por el otro, preservación de una identidad construida sobre la idea de control, superioridad e invulnerabilidad. En perfiles con rasgos narcisistas marcados y en conductas compatibles con lo que la literatura describe para estructuras psicopáticas la necesidad de sostener una fachada de dominio puede persistir incluso cuando la derrota es objetiva y total.
En ese sentido, el gesto no se interpreta por sí mismo, sino por su choque con el escenario: pulgares arriba, como si "todo estuviera bien", en un contexto que indica exactamente lo contrario. Esa discrepancia es la que, para el CEEC, funciona como señal: un intento de seguir ocupando el centro del cuadro, aunque el poder real ya no esté.
Análisis: Dr. Sergio Rulicki (Fundador y Director del CEEC)
Diseño visual: Natalia Cassiodoro (Socia fundadora del CEEC)