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EL DIARIO digital
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Las aftas o úlceras bucales son lesiones frecuentes que suelen desaparecer solas en una o dos semanas, aunque si persisten, vuelven con frecuencia o se presentan junto con otros síntomas pueden requerir consulta médica. Instituciones como Cleveland Clinic, Servicio Nacional de Salud del Reino Unido (NHS) y Mayo Clinic coinciden en que pueden afectar la alimentación, el habla y la hidratación.
A diferencia del herpes labial, estas llagas no aparecen en la superficie externa de los labios ni se transmiten entre personas. Por lo general, se ubican en la cara interna de las mejillas, sobre o debajo de la lengua, en las encías, dentro de los labios o en el paladar blando.
En términos generales, presentan un centro blanquecino, gris o amarillento con bordes rojizos, y en algunos casos están precedidas por ardor, molestia u hormigueo.
La mayoría de las lesiones bucales son benignas, pero no todas tienen el mismo origen
Aunque muchas personas usan el término afta para referirse a cualquier llaga en la boca, los especialistas distinguen varios cuadros. El más frecuente es el menor, que suele presentar lesiones pequeñas, redondeadas y con curación sin marcas.
Mayo Clinic también describe una variante mayor, menos habitual, más profunda y dolorosa, cuyo proceso de recuperación puede extenderse hasta seis semanas. A eso se suma una forma herpetiforme, compuesta por numerosas ulceraciones diminutas que en algunos casos llegan a agruparse.

Otras alteraciones de la mucosa oral también pueden parecerse a una úlcera. Cleveland Clinic menciona la eritroplasia, asociada al consumo de tabaco y caracterizada por placas rojas que pueden ser precancerosas o cancerosas, y la leucoplasia, que se presenta como manchas blancas o grises relacionadas con irritación crónica y crecimiento excesivo de células.
El mismo centro incluye al cáncer oral, al liquen plano oral y a la candidiasis oral entre los cuadros que pueden generar manifestaciones en la boca, por lo que recomienda prestar atención a su evolución.
El dolor al comer, hablar o beber es uno de los síntomas más habituales
Uno de los puntos en común entre las tres instituciones es el malestar cotidiano que provocan estas llagas. Pueden generar dolor, inflamación local y sensibilidad al cepillado, además de dificultar acciones básicas como comer, hablar o beber. En algunas personas se presenta una sola lesión; en otras, varias al mismo tiempo
El Servicio Nacional de Salud del Reino Unido (NHS) advierte que una llaga diferente de las habituales, de mayor tamaño, ubicada cerca de la garganta o acompañada por sangrado y enrojecimiento progresivo debe ser evaluada por un profesional.

La necesidad de consulta se vuelve más clara si surgen señales en otras partes del cuerpo, como lesiones en la piel o los genitales, o articulaciones inflamadas y dolorosas. Además, una afección que se extiende durante dos o tres semanas figura entre los principales signos de alerta.
Los desencadenantes incluyen traumatismos, estrés, déficits nutricionales y enfermedades sistémicas
Las causas no siempre pueden identificarse con precisión, pero hay desencadenantes que se repiten con frecuencia. Morderse accidentalmente la mejilla, un cepillado agresivo, un aparato de ortodoncia, prótesis mal ajustadas, un borde dental filoso o una quemadura por alimentos y bebidas calientes pueden originar la llaga.
Entre esos elementos también figuran el cansancio, la tensión emocional y los cambios hormonales, como los vinculados con la menstruación o el embarazo.
Mayo Clinic señala vínculos con la alimentación y el estado nutricional. Entre ellos figuran carencias de hierro, ácido fólico, zinc, complejo B o vitamina D, además de la sensibilidad a determinados productos, como frutas ácidas, comidas muy condimentadas, chocolate, frutos secos o quesos. A eso se suma la posible relación con dentífricos o enjuagues que contienen lauril sulfato de sodio.
En esa línea, un metaanálisis publicado en 2024 en BMC Oral Health señaló que las personas con aftas de repetición registraban con mayor frecuencia déficit de B12, bajas reservas de hierro evaluadas mediante ferritina y niveles reducidos de hemoglobina, la proteína sanguínea que transporta oxígeno. De todos modos, los autores advirtieron que esa relación no implica por sí sola una causa directa y que, en algunos indicadores, la evidencia disponible sigue siendo limitada o desigual.
Según Mayo Clinic, cuando las lesiones son múltiples o vuelven a aparecer, la explicación puede estar en un problema de base. Entre las condiciones asociadas figuran la enfermedad celíaca, la enfermedad de Crohn, el lupus, la enfermedad de Behçet, la artritis reactiva, infecciones virales, bacterianas o fúngicas y cuadros de inmunidad debilitada, incluido el VIH/sida. El NHS también cita la enfermedad mano-pie-boca entre las posibilidades.
El tratamiento apunta a aliviar el dolor y favorecer la curación
En la mayoría de los casos no existe una solución inmediata, sino medidas destinadas a reducir la irritación y permitir que el tejido sane. Las recomendaciones básicas incluyen mantener una buena hidratación, preferir alimentos blandos, evitar productos picantes, salados o ácidos y usar un cepillo de cerdas suaves. Algunas personas encuentran alivio con enjuagues de agua con sal o con bebidas frías.
Además, las farmacias suelen ofrecer productos de venta libre para controlar el dolor o prevenir infecciones. El NHS menciona colutorios antimicrobianos, geles analgésicos, aerosoles, comprimidos y enjuagues salinos.
Por su parte, Cleveland Clinic también alude a anestésicos tópicos, mientras que en situaciones más intensas puede indicarse una crema con esteroides o incluso inmunosupresores si se detecta una enfermedad autoinmune subyacente.
La prevención se basa en reducir irritantes y sostener una buena higiene oral

Aunque no siempre es posible evitar que reaparezcan, sí hay estrategias para disminuir la frecuencia. Las instituciones coinciden en mantener una higiene bucal adecuada, con cepillado regular, hilo dental y controles odontológicos. También aconsejan una dieta equilibrada con frutas, verduras y cereales integrales para prevenir carencias nutricionales.
Otra medida útil es identificar los alimentos o productos que desencadenan molestias y suspenderlos. En quienes usan ortodoncia o prótesis, conviene corregir rozaduras o superficies ásperas.
Evitar la irritación repetida de la mucosa oral y consultar temprano ante lesiones persistentes son las claves principales para distinguir una afección común de un problema que necesita estudio.