Escuchá esta nota
EL DIARIO digital
minutos
El desenlace era anunciado, pero no por eso menos devastador para el tejido social y productivo del sur de Córdoba. Acorralada por un ahogo financiero irreparable, la tradicional firma Manisur S.A. formalizó ante la Justicia de La Carlota el pedido de su propia quiebra voluntaria, le puso fin a meses de incertidumbre y confirmó el cierre de una de las plantas agroindustriales emblemáticas de la región.
El escrito judicial presentado por la empresa es una radiografía del colapso: un pasivo que trepa a los $20.337 millones, pérdidas acumuladas por $6.811 millones y un patrimonio neto negativo que roza los $4.865 millones. Sin rodeos, la dirección admitió hallarse en un estado de "absoluta cesación de pagos, sin actividad productiva, sin materia prima y sin financiamiento", imposibilitada de cumplir con los salarios de los trabajadores y los compromisos con proveedores.
La parálisis de la planta de Santa Eufemia no es un caso aislado ni un mero trámite contable que ahora quedó en manos de la Sindicatura. Significa la caída de uno de los motores económicos más importantes de la zona, cuya parálisis arrastra de manera directa e indirecta a decenas de familias y a toda la cadena de servicios del rubro manisero.
El caso vuelve a encender las alarmas en el interior profundo: cuando una industria de este calibre baja la persiana por falta de liquidez y pérdida de competitividad, la sangría no se detiene en la puerta de la fábrica; golpea de lleno el consumo local, destruye el empleo formal y deja a toda una comunidad a la deriva.