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El mercado laboral acentúa su deterioro con un crecimiento del empleo informal y el monotributo

Se deteriora el empleo formal en el país
Se deteriora el empleo formal en el país.
A pesar de que la tasa de desocupación se mantuvo estable en el 7,8% durante el primer trimestre, los informes técnicos revelan una profunda degradación en la calidad de los puestos de trabajo. Desde fines de 2023, la economía privada perdió más de 216.000 empleos registrados, una caída que fue contenida estadísticamente por el cuentapropismo de supervivencia y una informalidad récord que ya roza el 44,2%.

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EL DIARIO digital

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El mercado de trabajo en la Argentina expone un escenario de marcada complejidad estructural donde la estabilidad de las variables de superficie oculta una precarización generalizada de las condiciones laborales. De acuerdo con los últimos datos oficiales procesados por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) correspondientes al primer trimestre del año, la tasa de desempleo se ubicó en el 7,8%, un guante estadístico que muestra paridad respecto al comportamiento de 2025 pero que consolida el piso de desocupados generado desde finales de 2023.

A través de un documento de análisis coyuntural, el Centro de Economía Política Argentina (CEPA) advirtió que los indicadores netos no reflejan un escenario de dinamismo, sino un proceso de contracción del sector formal asalariado en paralelo a un incremento del denominado "emprendedurismo de supervivencia". Las planillas del Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA) confirman este diagnóstico: entre noviembre de 2023 y marzo de 2026, el sector privado registrado sufrió la pérdida neta de 216.321 puestos de trabajo con aportes, lo que equivale a una contracción del 3,4% de la masa laboral protegida.

La recesión golpeó con especial dureza a las ramas manufactureras. Un relevamiento del Instituto Interdisciplinario de Economía Política (IIEP), dependiente de la UBA y el Conicet, detalló que desde septiembre de 2023 la industria local destruyó cerca de 81.000 puestos laborales, de los cuales 48.000 se discontinuaron en los últimos doce meses. La crisis industrial provocó un fenómeno inédito en comparación con otros rubros, duplicando la cantidad de personas desocupadas cuyo último empleo formal estuvo vinculado a las líneas de producción de manufacturas.

Monotributo e informalidad récord como amortiguadores

La destrucción del empleo asalariado de calidad fue compensada de manera parcial por el crecimiento del régimen simplificado. En el mismo lapso temporal de la gestión nacional, se registró la incorporación de 165.542 nuevos monotributistas, un alza del 8% que los analistas de CEPA vinculan de manera directa con la urgencia familiar de complementar ingresos devaluados o de suplir la pérdida total del empleo en relación de dependencia, desplazando el concepto tradicional de la iniciativa emprendedora independiente.

En simultáneo, la tasa de empleo no registrado escaló hasta el 44,2% en el arranque de 2026, fijando el registro más elevado de informalidad de los últimos años. Las series históricas del INDEC reflejan que entre el primer trimestre de 2024 y el mismo período de 2026 se generaron 603.600 ocupaciones marginales, mientras que se suprimieron 246.000 puestos regulados. Esto determina que más de cuatro de cada diez trabajadores activos en el país carecen de derechos laborales básicos, cobertura médica previsional, aguinaldo, licencias por enfermedad o redes de protección frente al despido.

El impacto de las plataformas y las brechas demográficas

El informe de CEPA también puso el foco en las distorsiones metodológicas que introducen las economías de plataforma y las aplicaciones de delivery o movilidad en las estadísticas oficiales. Debido a que los criterios del INDEC consideran como persona de condición "ocupada" a cualquiera que efectúe al menos una hora de trabajo remunerado a la semana, estas herramientas operan como un dique de contención que invisibiliza el desempleo real. El estudio técnico resalta que este formato de dependencia encubierta permite a las firmas tecnológicas operar sin asumir obligaciones patronales, fragmentando las identidades laborales bajo el rótulo estadístico de trabajadores autónomos.

Finalmente, la contracción del mercado laboral profundizó las brechas de género y edad en el entramado social. La tasa de desocupación afecta en mayor medida a las mujeres (8,3%) que a los varones (7,5%). En el segmento joven, si bien se detectó una leve desaceleración en los indicadores (15,5% en mujeres jóvenes y 14,6% en hombres), los niveles de desempleo triplican de forma sistemática a los de la población adulta de entre 30 y 64 años. Como reflejo del deterioro generalizado, la presión global sobre el mercado de trabajo —que engloba a desocupados, subocupados y ocupados que buscan activamente otro empleo para subsistir— trepó al 30,7% de la población activa, marcando un incremento del 3,5% en la comparación interanual.

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