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Advierten por el avance de la tuberculosis en Argentina

La tasa nacional trepó a 346 cada 100 mil habitantes
La tasa nacional trepó a 34,6 cada 100 mil habitantes.
En 2025 se notificaron 16.445 casos en la Argentina y especialistas alertan que el recorte en Salud, las fallas en diagnóstico y las interrupciones en tratamientos agravan el cuadro.

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EL DIARIO digital

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La tuberculosis volvió a encender alarmas en la Argentina. En 2025 se notificaron 16.445 casos, un 3,9% más que en 2024 y casi 80% por encima de 2020. La tasa nacional trepó a 34,6 cada 100 mil habitantes y las jurisdicciones con mayor carga son Jujuy, Salta, CABA, Buenos Aires, Chaco y Formosa. Además, once provincias mostraron aumentos significativos y el avance se concentra en varones jóvenes: el grupo de 15 a 44 años reúne el 60,7% de los casos. También preocupa la suba entre menores de 20 años, que representan el 16,6% del total.

Especialistas de la Asociación Argentina de Medicina Respiratoria vinculan esta suba con el debilitamiento de los programas de control, las dificultades para acceder a un diagnóstico temprano, las interrupciones en los tratamientos y un deterioro social que favorece la transmisión, con más hacinamiento, pobreza y vulnerabilidad. En ese marco, insistieron en reactivar la Coordinación del Programa Nacional de Tuberculosis, disuelta en 2024.

Uno de los puntos centrales es el diagnóstico. La tuberculosis es prevenible y tratable, pero el retraso para detectarla sigue siendo uno de los principales problemas porque los síntomas pueden confundirse con otras patologías respiratorias. Por eso, los especialistas reclaman ampliar el acceso al diagnóstico molecular e incorporar tecnología como GeneXpert en todo el país. Esa herramienta permite confirmar la enfermedad en menos de dos horas y detectar temprano la resistencia a rifampicina.

El otro eje crítico es el tratamiento. Los neumonólogos advierten que la respuesta sanitaria requiere garantizar la provisión gratuita y continua de fármacos de primera línea para los casos sensibles y de segunda línea para las formas resistentes. El acceso irregular empeora la evolución de los pacientes, favorece la aparición de cepas resistentes y vuelve mucho más complejo el control de la enfermedad.

A la par, expertos y académicos trabajan en una actualización de las pautas técnicas para el manejo de la tuberculosis. Ese proceso, en etapa final de revisión, es presentado como una herramienta clave para mejorar la calidad de la respuesta sanitaria.

Desmantelamiento

La preocupación no proviene solo del ámbito médico. Organizaciones que acompañan a pacientes advirtieron desde hace un año que el cierre de estructuras específicas iba a tener consecuencias graves. Nancy Ballestin, del Observatorio Tuberculosis Argentina, sostuvo que el desmantelamiento del área afectó el acceso y el diagnóstico y señaló circuitos especialmente expuestos donde el Estado debería reforzar su presencia: personas en situación de calle, cárceles y ámbitos donde la transmisión alcanza también a trabajadores y familiares. También alertó sobre el riesgo de que el abandono de tratamientos haga crecer la tuberculosis resistente, en una región en la que Perú y Bolivia ya muestran niveles más altos de multirresistencia.

En la misma línea, desde el Frente Nacional por la Salud de las personas con VIH, Hepatitis y Tuberculosis denunciaron "el desguace del Ministerio y sus políticas públicas" y plantearon que la eliminación de la Coordinación de Tuberculosis y Lepra no fue un mero cambio administrativo. Para estos espacios, la salida de una estructura especializada redujo capacidad de seguimiento, previsión y respuesta ante una enfermedad que requiere monitoreo constante. Ballestin remarcó que la coordinación estaba a cargo de la neumonóloga Marcela Natiello, que llevaba una década en el área y seguía cuestiones clave, como vencimientos de medicamentos y alertas a las provincias. "Desatender estas cuestiones va a causar más muerte", advirtió.

El recorte en Salud se inscribe en una reorganización más amplia del ministerio que conduce Mario Lugones. El cierre de la Coordinación de Tuberculosis y Lepra formó parte del nuevo organigrama, que eliminó 15 direcciones o dependencias sanitarias. Entre ellas estuvo la DADSE, área ya cuestionada por demoras en la entrega de medicación oncológica a pacientes vulnerables.

Desde el Ministerio de Salud rechazaron que se haya tratado de cierres. La explicación oficial fue que hubo una "reducción de cargos jerárquicos, con pase de funciones a otras áreas" y que las tareas continúan. En el caso de tuberculosis, sostuvieron que sus competencias siguen vigentes dentro de la Dirección de Respuesta al VIH, ITS, hepatitis virales y tuberculosis. Sin embargo, especialistas y organizaciones replican que esa integración no reemplaza el trabajo específico que requiere una enfermedad con crecimiento sostenido.

A este cuadro se suma otra señal de alarma: la salida de la Argentina de la OMS. Para la comunidad médica, romper con ese ámbito implica perder cooperación internacional, acceso a financiamiento, información epidemiológica estratégica y participación en espacios donde se discuten políticas sanitarias globales. En medio de un aumento sostenido de casos, el diagnóstico es contundente: la tuberculosis está lejos de ser una enfermedad del pasado y su avance expone hoy, el deterioro del sistema de salud y la necesidad de políticas públicas sostenidas.

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