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Se profundiza la emergencia habitacional

El 73-en-porciento- del total del país tienen al menos un problema habitacional
El 73% del total del país, tienen al menos un problema habitacional.
La crisis habitacional alcanza a 7 de cada 10 hogares y combina falta de servicios, hacinamiento, tenencia irregular y mayores dificultades para alquilar o acceder a una vivienda propia tras el retiro del Estado del área.

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EL DIARIO digital

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La crisis habitacional en la Argentina dejó de ser un problema limitado a la falta de techo. Hoy abarca también la calidad de las viviendas, el acceso a servicios básicos, la regularización de la tenencia y las crecientes dificultades para entrar al mercado formal de la vivienda. En ese escenario, un informe de la organización Tejido Urbano advirtió que 10,7 millones de hogares, el 73% del total del país, tienen al menos un problema habitacional.

El dato expone una situación estructural que atraviesa distintas dimensiones. Por un lado, millones de familias viven en casas con deficiencias materiales, sin acceso adecuado a servicios públicos o con problemas de dominio. Por otro, más de un millón de hogares necesita una vivienda adicional por hacinamiento, convivencia forzada con otros hogares o por habitar inmuebles en condiciones irrecuperables. Lejos de tratarse de fenómenos aislados, en muchos casos esos déficits se acumulan.

El relevamiento señala que 7,4 millones de hogares urbanos presentan algún tipo de deficiencia en la vivienda existente. La carencia más extendida es la falta de servicios públicos básicos, que alcanza a 5 millones de hogares. A eso se suma la irregularidad dominial, que afecta a 4,7 millones, mientras que 1,1 millón habita viviendas deficientes, aunque todavía recuperables desde el punto de vista material.

Además, el informe advierte que existe una fuerte superposición de problemas: gran parte de los hogares que viven en viviendas deterioradas también carece de servicios básicos y sufre tenencia irregular. En cuanto al nivel de ingresos de este segmento, el estudio detecta una presencia importante de sectores medios y altos, por encima del 40%, aunque cuando la vivienda presenta déficits materiales más severos, como pisos de tierra u otras carencias estructurales, predominan los ingresos más bajos.

Al observar la cuestión dominial, el trabajo diferencia dos grupos. Por un lado, 1,6 millones de hogares habitan viviendas sin ser propietarios ni inquilinos formales, en condiciones precarias de tenencia. Por otro, 3,1 millones se reconocen como propietarios, pero no tienen escritura. Esa falta de regularización limita el acceso al crédito, debilita derechos y deja a millones de familias en una situación inestable, aun cuando ya ocupan una vivienda.

La situación más crítica aparece entre los 1.021.798 hogares que necesitan una vivienda adicional. En ese universo se concentran los peores indicadores de ingresos y de condiciones habitacionales. El 84% de los hogares que comparten vivienda pertenece a estratos bajos y medios-bajos; esa proporción alcanza al 79% entre quienes viven en viviendas irrecuperables y al 74% en los casos de hacinamiento.

Alquileres

Pero la crisis no termina ahí. El informe también incluye a los hogares que alquilan y que, aunque no siempre presentan déficits materiales severos, enfrentan un obstáculo creciente para acceder a la propiedad. Se trata de una modalidad que creció con fuerza en las últimas décadas y que, lejos de expresar una elección libre, refleja las dificultades estructurales del acceso a la vivienda.

Ese universo de inquilinos tiene además rasgos bien definidos. La mitad de esos hogares está compuesta por dos personas o menos: 36% son personas que viven solas y 14% parejas. A su vez, 43% está integrado por personas de entre 20 y 40 años, 78% no presenta privación material y 73% tiene un clima educativo superior a la media. También predominan en zonas centrales de las ciudades argentinas. En términos de ingresos, entre los hogares inquilinos tienen más peso los sectores medios (36,2%) y medio-altos (28,8%), mientras que es menor la presencia de sectores bajos y altos.

En ese marco, la derogación de la ley de Alquileres profundizó la inestabilidad. La desregulación del mercado inmobiliario empeoró las condiciones para quienes alquilan: contratos más cortos, aumentos más frecuentes, suba de precios y más desalojos. El resultado es un cuadro de mayor vulnerabilidad para millones de familias. Según el informe, más de la mitad de los hogares inquilinos tiene ingresos por debajo de la línea de pobreza, una señal del deterioro acelerado que atraviesa ese sector.

La crisis también se expresa a escala barrial. El relevamiento detectó necesidades de mejora en barrios con poco espacio público, calles insuficientes, falta de equipamiento, problemas de seguridad, ausencia de regularización dominial y situaciones de riesgo ambiental, como inundaciones o cercanía a basurales. En esos entornos viven al menos 1,2 millones de familias registradas en barrios populares por el ReNaBaP, lo que equivale al 12% de los hogares con problemas habitacionales del país.

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