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EL DIARIO digital
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A los 26 años, la vida de Manuel Esteban se convirtió en una carrera de obstáculos contra el dolor, la burocracia estatal y la desprotección sanitaria. Integrante de la comunidad zíngara y comerciante ambulante de toda la vida desde medias hasta cuchillos, lo que fuera para llevar el sustento a su esposa y a sus tres hijos de 9, 7 y 5 años, hoy su realidad se reduce a una cama del Hospital Dr. René Favaloro, donde permanece internado cursando una neumonía mientras su pierna derecha se atrofia día a día a falta de una prótesis que el Ministerio de Salud se niega a autorizarle.
La pesadilla comenzó hace menos de un año. Lo que en principio atribuyó a una molestia común vinculada a su actividad comercial se transformó en un suplicio. Tras un largo derrotero de estudios que incluyó demoras inadmisibles como dos meses de espera para una resonancia porque el resonador del Hospital Favaloro estaba roto y la parte administrativa demoraba los permisos para derivarlo, los médicos le diagnosticaron una severa enfermedad degenerativa: Necrosis Ósea Avascular (NOA) de cadera.
El cuadro clínico obligaba a un reemplazo protésico. Sin embargo, al transitar el circuito de la salud pública con los recovecos formales, chocó contra la primera pared: no se la autorizaron. Ante la urgencia y el avance implacable de la dolencia, Manuel debió agotar su patrimonio.
"No me autorizaron la prótesis. La tuve que comprar yo. Tuve que vender un terreno que me había comprado, y me ayudó mi padre" relató sobre la primera intervención en su pierna izquierda, la cual resultó un éxito rotundo que le devolvió la fuerza y la movilidad a ese miembro.
El problema crítico radica en que ahora la enfermedad afecta su pierna derecha. Los profesionales del Hospital Favaloro ya realizaron formalmente el pedido médico para una nueva operación, pero la respuesta oficial volvió a ser un portazo.
Desde la cartera sanitaria le argumentan que no cumple con los requisitos de antigüedad por haber estado afiliado a una obra social (Swiss Medical) durante apenas dos meses en el transcurso de 2025. Una prepaga que debió abandonar porque los aumentos desmedidos volvieron la cuota impagable, y que según remarca jamás llegó a utilizar porque siempre había gozado de buena salud.
"Por una cuestión burocrática no me atienden. Ya no tengo plata, ni nada para vender. La familia tampoco" reclama con desesperación desde el centro asistencial.
Mientras la burocracia ministerial se escuda en planillas y plazos administrativos, la enfermedad avanza sin tregua. La pierna derecha de Manuel pierde fuerza y se atrofia en medio de sufridos dolores, a la espera de que el Estado decida ponerse a la altura de las circunstancias y garantice un derecho humano elemental que hoy, para un joven de 26 años, depende de la firma de un expediente cajoneado.