La Pampa

Fernanda Alonso, la heredera del método: entre la obsesión por la gestión y la sombra de Verna

Fernanda Alonso quiere demostrar que puede tener vuelo propio- ÂpodrÃ
Fernanda Alonso quiere demostrar que puede tener vuelo propio: ¿podrá?
Es la jefa territorial del segundo enclave de la provincia. Sin embargo, los desplantes a la conducción provincial, los límites que le fija su propio jefe político y la pérdida de la hegemonía piquense condicionan sus aspiraciones hacia el Centro Cívico. Tercera entrega del ciclo de El Diario sobre la larga lista de postulantes para el sillón provincial.

Escuchá esta nota

EL DIARIO digital

minutos

Por Walter Goñi (*)

Hay escuelas políticas donde la obediencia al maestro se demuestra con gestión y rigor, no con modales amables. Fernanda Alonso es la heredera más metódica de ese molde creado por Carlos Verna, pero también la que busca probar que puede volar sin la tutela del Barba. Con la rosca hacia 2027 en marcha, la intendenta de General Pico echa mano a sus credenciales ejecutivas para subirse a la carrera por la gobernación.

Luego de pasar por el escáner a Alicia Mayoral -la carta con fecha de caducidad que sacó la Línea Plural para marking cancha- y a Ariel Rauschenberger -el diplomático de perfil bajo que pretende llegar por descarte-, la grilla hacia el Centro Cívico reserva un lugar central para quien entiende el poder desde la rigidez de un tablero de control. En ese casillero se planta Alonso, una dirigente que combina la subordinación casi religiosa por el líder de la Línea Plural con un intento permanente por construir un sello propio, aunque tropiece seguido con los límites que impone la conducción de su propio espacio.

Para entender a Alonso hay que mirar la matriz del "método Verna": llegar antes que todos, fiscalizar cada planilla, exigir al colaborador hasta el ahogo y anteponer la obra a cualquier lírica partidaria. De ese molde técnico salió la actual intendenta. En el ecosistema del PJ provincial, Alonso encarna a la ejecutiva que se formó en las entrañas del aparato vernista y que no duda en usar el peso de su distrito para hacer sentir sus alineamientos y desacuerdos.

La génesis de su historia combina drama familiar y resiliencia. Una fuga por amor tras el rechazo familiar trajo a sus padres a Mendoza, donde vivieron en un hotel más de un año y nació Fernanda. Superadas las diferencias, la familia regresó a Pehuajó, pero el agua torció definitivamente el rumbo: la devastadora inundación de 1985 los dejó sin casa. Su padre decidió canjear lo poco que quedaba por un camión, cargó las pertenencias y desembarcó en General Pico, un destino donde apenas tenían un conocido.

Ese puñado de meses transcurridos en suelo cuyano antes de la mudanza suele ser rescatado por detractores de redes sociales para chicanearla llamándola despectivamente "la mendocina". La respuesta a ese provincialismo está en su intimidad familiar: a sus dos hijas las bautizó Sur y Pampa. Un territorio que no solo transitó como diputada provincial o ministra, sino que también recorrió junto a su pareja de más de 20 años, Pablo, el realizador audiovisual que retrató la provincia en el programa La Aldea. Su temprana partida física dejó al descubierto el sostén invisible sobre el que se apoyó el ascenso de Alonso: un compañero que, desde el perfil bajo, asumió el engranaje cotidiano del hogar para que ella volcara jornadas maratónicas a la función pública.

Su desembarco en la estructura no fue en la cuna de un comité. Empezó a militar a los 17 años e ingresó al municipio piquense a través de una pasantía escolar gestionada por su madre, quien conocía al por entonces intendente Carlos Verna. Esa efectividad en el trabajo administrativo abrió una cadena de lealtad y subordinación que desandaría durante décadas. Tras su paso por la Secretaría de Acción Social en 2003 bajo la gestión de Luis "Cacho" Campo con tan solo 27 años, convirtió su formación en un activo: se graduó como trabajadora social, obtuvo la licenciatura y sumó un posgrado. Su recorrido continuó como concejal y luego como diputada provincial entre 2011 y 2015. Sin embargo, cuando Verna regresó a la gobernación y la convocó para el Ministerio de Desarrollo Social, Alonso ratificó su rasgo constitutivo: es una dirigente de gestión directa, con severas dificultades para el debate legislativo y la construcción política transversal.

Esa gimnasia de gabinete moldeó un estilo que genera resistencias en el peronismo. Quienes la cuestionan le achacan una rigidez inflexible, nula paciencia para la negociación tradicional y una incapacidad manifiesta para disimular el enojo cuando el libreto se altera. Pero más allá del temperamento, su mayor condicionante político sigue siendo la sombra de Verna y las fronteras de su propio liderazgo.

El episodio de octubre de 2020 dejó una marca indeleble en su trayectoria. Tras arriesgar en una entrevista periodística un "No creo que Verna vaya a ser candidato", el líder de la Línea Plural la desautorizó públicamente sin anestesia vía redes sociales: "Fernanda Alonso no es mi vocera", le estampó el exgobernador, agregando para la interna que "los muertos que vos matáis gozan de buena salud". Alonso acató la reprimenda al instante ("Como dice Verna, no soy su vocera, y por supuesto tampoco lo necesita"), pero el guadañazo expuso con crudeza que, para el taller central del vernismo, Alonso es un engranaje ejecutor y no una voz autorizada para definir la estrategia global.

Esa tensión entre el encierro territorial y la ambición provincial se volvió una constante. Tras el tirón de orejas de 2020, en las legislativas de 2021 —donde el PJ sufrió un histórico revés ante Juntos por el Cambio— Alonso se recluyó en la trinchera piquense. Una conducta que escaló en la campaña presidencial de 2023: en pleno tramo decisivo, la intendenta decidió tomarse licencia en el municipio mientras el esquema de Sergio Ziliotto se cargaba al hombro la mística en toda la provincia, dejando a las figuras vernistas con un perfil llamativamente bajo. Fue el propio Verna quien tuvo que salir a blanquear la cancha para amortiguar el impacto, delimitando formalmente el alcance de Alonso al rango de "jefa de campaña en Pico", como si la proyección de la intendenta no debiera cruzar los límites del departamento Maracó.

A esa dinámica de repliegue se le suman los calculados "faltazos" a las convocatorias conjuntas del oficialismo provincial. En la mesa chica del PJ analizan sus ausencias en las reuniones coordinadas por el ziliottismo no como meros problemas de agenda, sino como fríos movimientos de posicionamiento: Alonso siempre avisa que no va, marca distancia táctica con la conducción de Santa Rosa y evita la foto de masa sin romper del todo los puentes. Sin embargo, ese juego de ausencias a veces le sale caro. En el armado hacia 2027, mientras la intendenta despliega agendas internacionales o viajes a Estados Unidos y China, su principal contendiente en la Línea Plural, Alicia Mayoral, aprovecha cada vacío territorial para capitalizar la centralidad en el día a día de la provincia.

En el haber de su paso por el municipio, sus defensores anotan la resolución del histórico problema del agua potable en General Pico a través de un ente intermunicipal, entre otros logros. Sin embargo, la hipergestión no alcanzó para frenar la erosión electoral. A pesar de lograr su reelección en mayo de 2023 con cerca del 49% de los votos, la ajustada contienda ante Adriana García -una candidata del PRO sin volumen ni estructura- dejó al desnudo que General Pico dejó de ser el bastión inexpugnable que garantizaba las victorias provinciales del peronismo. La marea conservadora perforó el piso histórico del PJ y demostró que la sola exhibición de planillas no alcanza para contener a un electorado desencantado. Pico ya no es una ciudad meramente administrativa; es un enclave productivo alimentado por el campo, la industria y el comercio. Esa independencia del abrigo estatal fue modelando en los últimos años un electorado marcadamente derechizado.

Hoy, con la confirmación de que no buscará la reelección como intendenta, Alonso da un paso al frente. La decisión expone tanto el cálculo ante el desgaste local como la urgencia de dar el salto provincial antes de que se agote su capital político. El interrogante de fondo es si su estilo pragmático, sus ausencias tácticas y su perfil técnico logran traccionar en el mapa provincial. La dirigente que comenzó ordenando expedientes a los 17 años sabe que para llegar al Centro Cívico no alcanza con ser la mejor alumna del método: necesitará demostrar si tiene el volumen político propio para conducir o si su techo seguirá marcado por la tutela y el arbitraje final de Carlos Verna.

La gira del escáner de este diario continúa; la carrera por la sucesión recién empezó.

(*) Director Periodístico de El Diario de La Pampa.

También te puede interesar...