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EL DIARIO digital
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Por Walter Goñi (*)
La desvergüenza con la que se maneja la dirigencia del Sindicato Gráfico Patagónico en La Pampa es total: no conoce de límites ni de decoro, es obscena. Luego de un escándalo público que incluyó denuncias penales por desvíos millonarios, acusaciones de recaudación "en negro", cerraduras cambiadas y custodios privados en la sede de la calle Río Negro, la montaña parió un ratón. O, mejor dicho, parió un pacto de "caballeros". De un día para el otro, en una reunión reservada previa a la asamblea que prometía ser una batalla campal, los bandos enfrentados fumaron la pipa de la paz. Levantaron las suspensiones cruzadas, acordaron una cómoda licencia para el cuestionado Aníbal Schmidt y aquí no ha pasado nada.
Lo verdaderamente escandaloso -y lo que desnuda la catadura moral de quienes manejan el gremio- es el gélido comunicado de prensa con el que pretendieron cerrar la crisis. En un texto redactado con una impudicia que asombra, celebraron haber resuelto todo en un clima de "unión Institucional y buena armonía". Una armonía que suena a burla y a complicidad. En esas líneas no hay una sola explicación pública sobre el destino de los fondos bajo sospecha, ni una sola precisión sobre qué va a pasar con los salarios de los empleados locales que llevan tres meses sin cobrar.
Pero lo más grave, lo que raya la crueldad, es el silencio absoluto respecto a la obra social OSPIDA. Desde el mes de marzo, cerca de 7.000 afiliados pampeanos están completamente desamparados, sin cobertura médica, farmacéutica ni de internación, debido a un rojo que arrastra una deuda de $1.200 millones con el sistema de Salud Pública provincial. Entre esos miles de damnificados hay familias enteras que no pueden pagar una consulta privada y, fundamentalmente, pacientes con cuadros oncológicos graves y enfermedades crónicas de alta complejidad que vieron interrumpidos sus tratamientos. A la mesa directiva no le importó. Mediatizaron la interna feroz, expusieron las miserias del sindicato para presionar y, una vez que consiguieron la "prenda de paz" -la salida elegante de Schmidt con licencia hasta 2027-, se olvidaron de la gente. Las explicaciones públicas y las urgencias de los enfermos les importaron un carajo.

Existe, además, una terrible contradicción de fondo en este acuerdo de cúpulas. Estamos hablando de un sindicato bajo una pesadísima sospecha judicial por el manejo irregular de recursos. La denuncia penal que originó la fractura detalla una presunta malversación que supera los $301 millones desviados de la obra social nacional para pagar sueldos de la estructura gremial local, sumados a otros $295 millones en gastos que carecen de cualquier tipo de respaldo documental. ¿Cómo se explica que imputaciones de semejante calibre penal se disuelvan mágicamente en una mesa de café en nombre de la "buena armonía"? La respuesta es tan obvia como corporativa: el objetivo nunca fue la transparencia, sino el reparto del poder interno.
Para completar el cuadro de esta farsa, no hay que perder de vista un hecho central: los dirigentes que hoy se consagran como los "normalizadores" de la institución y que forzaron la licencia de Schmidt -encabezados por el secretario adjunto Felipe Irusta, quien ahora queda al frente del gremio- son exactamente los mismos que lo bancaron y lo acompañaron fielmente durante sus 33 años de reinado ininterrumpido. Durante más de tres décadas compartieron las decisiones, las listas y el manejo de la caja. No son una renovación; son parte del mismo paisaje.
Hoy, mientras Aníbal Schmidt prepara sus pertenencias para iniciar su licencia el 1° de agosto, conservando sus millonarios activos declarados y su inexplicable sillón como vocal en el Ente Provincial del Río Colorado, los trabajadores gráficos de La Pampa asisten al peor de los escenarios. El crecimiento patrimonial de Schmidt quedó plasmado de puño y letra en su última declaración jurada como funcionario: un activo de $215.217.054, que lo ubica como el quinto patrimonio más abultado de la provincia entre los presentados en 2025. Una cifra sideral que, para colmo, es apenas una muestra gratis de su verdadera fortuna, ya que computa los inmuebles al ridículo precio del valor fiscal y no al de mercado.
La interna fue barrida bajo la alfombra y las llaves del sindicato cambiaron de mano, pero la mutual sigue cortada y el tendal de desamparados sigue esperando una orden médica que nadie firma. Un pacto de impunidad perfecto, donde los dirigentes se salvan y los afiliados quedan a la deriva.
(*) Director Periodístico de El Diario de La Pampa