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EL DIARIO digital
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Por Walter Goñi (*)
Como un signo de estos tiempos, en el peronismo pampeano, cuando los micrófonos se apagan, el verdadero termómetro político se traslada a las pantallas de los teléfonos celulares. Apenas concluyó el masivo plenario de la Línea Plural en el Club Argentino que reunió a unas 900 personas con un encendido discurso de barricada contra la gestión municipal de Luciano di Nápoli, el ala más dura y orgánica del vernismo con base en General Pico activó su propio contraataque discursivo.
En las últimas horas, cadenas de mensajes y capturas de análisis políticos inundaron los grupos de WhatsApp del riñón piquense, instalando una lectura unificada: el acto de la capital fue -ante todo- un escenario repleto de mística y militantes, pero llamativamente vacío de conducción real.
Los argumentos que repiten los "vernistas puros" no hacen más que profundizar y convalidar el análisis de las contradicciones subterráneas del PJ planteas por El Diario luego del encuentro: la ruidosa puesta en escena del sábado dejó al descubierto un "vernismo sin Verna", una postal cuanto menos paradójica para un espacio que históricamente se disciplinó bajo el verticalismo del líder piquense.
Para la mesa chica que custodia las decisiones del "Barba" en el norte, el volumen político que pretendió exhibir la dirigencia intermedia en Santa Rosa se desmorona al revisar la primera fila del estrado. La militancia vestida de verde y el despliegue de banderas históricas contrastaron drásticamente con los claros visibles en la cúpula. Tanto fue así que en la mesa principal confluyeron caras históricas y conocidas con otras ignotas. No faltó el "codeo" entre la militancia preguntándose quienes eran algunos o algunas que completaban el estrado en degradé hacia los costados.
En los teléfonos del norte se recalca un dato imposible de pasar por alto: la ausencia orgánica de Carlos Verna y de los principales dirigentes que integran su círculo político más cercano. La falta de hombres de su estricta confianza, sumada a la llamativa ausencia del diputado provincial Hernán Pérez Araujo -cuya cercanía geográfica en Toay volvía obligatoria su presencia-, es interpretada en General Pico no como un descuido de agenda, sino como un sutil pero drástico "vacío político" al plenario santarroseño. Pérez Araujo, incluso, posee un local partidario en la capital pampeana, al que visitó el propio Verna a mediados de marzo de este año ("poné el mate que ahí voy").
El recelo piquense fue más allá y apuntó directamente a la cúspide del Ejecutivo provincial. En el cruce de mensajes de la militancia norteña se subraya con insistencia que tampoco estuvo presente el gobernador Sergio Ziliotto, quien también es integrante de la Línea Plural. Si bien el aparato estatal se movió en bloque con la asistencia casi perfecta de ministros y secretarios que responden al mandatario, la ausencia física del gobernador en el Club Argentino alimenta las sospechas de General Pico. En el norte coinciden -como sugirió este diario- que Ziliotto fue "arrastrado" por la presión de su propia tropa capitalina (asfixiada por el personalismo municipal de la calle San Martín) antes que por una convicción real de dinamitar los puentes con di Nápoli en un contexto nacional adverso.
El "mensaje" que encendió la furia
Como ya dijo, detrás de la catarsis colectiva contra el "individualismo" de la gestión de Santa Rosa, liderada en el estrado por Elsa Labegorra, Antonio Curciarello, Daniel Bensusán y Marcelo Pedehontáa, el plenario del Argentino funcionó en los hechos como un mensaje encriptado enviado directamente al norte provincial. La dirigencia intermedia de la Plural santarroseña intentó plantarse ante Carlos Verna para marcarle la cancha y dictarle quiénes deben ser, de ahora en más, los únicos interlocutores válidos del PJ en Santa Rosa.
Pero ese intento de autonomía política no gustó absolutamente nada en General Pico. Lejos de pasar desapercibido, el mensaje fue decodificado de inmediato por el "Mandamás" y despertó una fuerte indignación en su entorno más puro. Para el riñón vernista, que las segundas y terceras líneas de la capital pampeana pretendan jubilar la lapicera del líder o condicionar sus históricas conversaciones directas con el intendente Luciano di Nápoli es una osadía inadmisible.
La rápida y ácida reacción en los grupos de WhatsApp de los seguidores más fieles de Verna calificando la movida santarroseña como una "postal poco clara" y "vacía de conducción" es la prueba de ese profundo malestar. En el norte no están dispuestos a tolerar desobediencias ni puestas en escena que desafíen la autoridad central del espacio. Mientras en Santa Rosa se apuran en probarse un traje de guerra de cara a 2027, el vernismo orgánico ya les notificó -con el peso del silencio de sus máximos referentes- que ningún peronismo camina en La Pampa sin la habilitación de sus verdaderos impulsores políticos.
(*) Director Periodístico de El Diario de La Pampa.