La Pampa

Intento de robo en la Joyería Bustos: hallaron un boquete

La Policía en las diligencias realizadas pasado el mediodía en la joyería de Horacio R Bustos
La Policía en las diligencias realizadas pasado el mediodía en la joyería de Horacio R. Bustos.
La alarma se activó durante la madrugada, pero la policía no detectó anomalías en ese momento. Al mediodía de este domingo, el propietario constató que habían perforado una pared desde una vivienda lindera, aunque el primer arqueo no arrojó faltantes. El local tiene un violento historial de asaltos.

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EL DIARIO digital

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Una noche de profunda tensión y un posterior misterio se vivió en pleno centro santarroseño, tras descubrirse un intento de robo bajo la modalidad "boquetero" en la tradicional joyería y relojería "Horacio R. Bustos". El hecho, que generó una inmediata movilización policial y judicial, mantiene en alerta a los investigadores dado el importante valor de las mercaderías que se custodian en el inmueble.

De acuerdo a lo que pudo saber El Diario, la secuencia se inició durante las primeras horas de la madrugada de este domingo, cuando los sistemas de seguridad del local —ubicado en la calle Gil, entre Lagos y Mansilla— se activaron de forma imprevista. Ante el alerta, personal de la Policía de La Pampa se desplazó de inmediato hasta el comercio. Sin embargo, tras una inspección ocular desde el exterior, los efectivos no advirtieron la presencia de sospechosos ni detectaron aberturas forzadas o irregularidades visibles, por lo que se retiraron del lugar.

El verdadero escenario quedó al descubierto al mediodía, cuando el propietario de la firma, Horacio Bustos, se acercó al establecimiento para revisar las instalaciones. Al ingresar y examinar minuciosamente los distintos ambientes, constató con sorpresa la existencia de un boquete que conectaba directamente con el patio del bazar lindero.

A pesar de la gravedad de la intrusión y del daño estructural, una revisión rápida y preliminar del stock del negocio no permitió detectar, hasta el momento, ningún faltante de joyas o dinero. En el lugar del hecho trabajó personal pericial de la policía junto a la fiscal de turno, Verónica Ferraro, quien coordinó las primeras directivas para intentar determinar la identidad de los autores y el momento exacto en que perforaron la pared.

En la mira de la delincuencia

La joyería de la calle Gil —que durante muchos años operó bajo la franquicia de "Trust Joyero Relojero" antes de quedar definitivamente a cargo de la familia Bustos— es un comercio de alto perfil que históricamente ha estado en la mira de las bandas delictivas debido a que es agente oficial de primeras marcas internacionales de relojes y joyas de alta gama, incluyendo cristales Swarovski.

El episodio de este domingo revivió el fantasma del espectacular y violento asalto a mano armada que sufrió el comercio el 19 de agosto de 2011. En aquella oportunidad, cerca de las 8:45 de la mañana, dos delincuentes irrumpieron en el local fingiendo ser clientes tras dejar una motocicleta Yamaha 150 en marcha sobre la vereda.

En pocos segundos, los asaltantes desenfundaron armas de fuego y, bajo reiteradas amenazas de muerte, redujeron a ocho personas que se encontraban en el salón: cuatro empleados, una cliente y tres hijos del propietario. Los malvivientes buscaban específicamente oro. "¿Dónde está la chafa?", gritaban de forma violenta. Ante la respuesta de que no disponían de ese material en el lugar, uno de los delincuentes le propinó un violento culatazo en la cabeza a una de las víctimas, mientras que el otro golpeó en las costillas a uno de los dueños para obligarlo a abrir las vitrinas de exhibición.

Escape a los tiros y detención

Mientras los ladrones vaciaban la caja registradora y metían relojes y cadenas de oro en dos bolsos, los empleados lograron activar una alarma silenciosa. La respuesta de la Seccional Tercera fue inmediata. Al arribar la primera patrulla, los delincuentes se vieron cercados y decidieron abortar el robo. Para cubrir su huida, abandonaron los bolsos con el valioso botín y se abrieron paso a los tiros. Uno de los ladrones le efectuó un disparo a quemarropa a un policía con un revólver calibre .38, el cual afortunadamente no llegó a impactar en el agente.

El hecho desencadenó una cinematográfica persecución por las calles del centro santarroseño que involucró a unos diez patrulleros. En la corrida, los delincuentes escaparon en contramano por la calle Mansilla, desprendiéndose de gorros, guantes y precintos. El operativo cerrojo dio sus frutos rápidamente: uno de los asaltantes fue atrapado sobre la calle Mansilla, antes de llegar a Rivadavia, mientras que su cómplice logró cruzar el Parque Oliver pero fue finalmente reducido en un pasaje hacia la calle Alvear por un guardiacárcel de la Unidad 13 que se encontraba cumpliendo funciones de guardia.

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