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EL DIARIO digital
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El Parque Nacional Lihué Calel consolida una temporada 2026 histórica a través de su programa de voluntariado, recibiendo a tres oleadas sucesivas de jóvenes dispuestos a poner el cuerpo y la vocación al servicio de las Sierras de la Vida. Lo que comenzó en enero con un grupo diverso de Buenos Aires, Misiones y Santa Fe, se transformó en un movimiento federal que integró a Salta, Chubut, Jujuy, Córdoba y, fundamentalmente, a una fuerte representación de voluntarios pampeanos.
Para los jóvenes locales, como Rosario Pecci Vittori (segundo grupo), Alma Cortina Dei Rossi y Fermín Segalerva (tercer grupo), la experiencia trasciende la pasantía técnica: es una oportunidad de custodiar "desde adentro" el ecosistema más emblemático de su provincia. Su presencia ha sido clave para el Departamento de Conservación y Uso Público, aportando no solo mano de obra, sino una identidad regional que enriquece el contacto con los turistas en el centro de visitantes Likan Mapu.
Aves y fuego
La labor de los voluntarios ha sido tan diversa como el paisaje del parque. Bajo la supervisión de los Guardaparques y el área de ICE (Incendios, Comunicaciones y Emergencias), los grupos realizaron tareas críticas de mantenimiento:
Prevención: Mantenimiento de picadas y fajas cortafuegos, vitales para la seguridad del área.
Campo: Retiro de alambrados antiguos, labores en el invernadero y monitoreo de endemismos (especies que solo crecen en estas sierras).
Infraestructura: Confección, pintura y colocación de cartelería en senderos estratégicos.
En territorio
El programa incluyó jornadas de formación técnica y científica. Los voluntarios realizaron ascensos al Cerro La Cruz y exploraron sitios de alto valor cultural como las Pinturas Rupestres. También recorrieron los senderos de Piedra Movediza, Chenque y La Casona, capacitándose en el uso seguro de herramientas y en la evaluación ambiental de los suelos.
Desde la Intendencia del Parque destacaron que el programa de este año ha logrado un "gran aporte" a la gestión del área. La integración de los pampeanos junto a voluntarios de provincias tan distantes como Jujuy o Chubut genera un intercambio cultural único, donde el conocimiento del terreno de los locales se cruza con las nuevas miradas de quienes descubren el monte pampeano por primera vez.
"Agradecemos la energía desinteresada de estos jóvenes. Su compromiso permite que Lihué Calel no solo sea un destino turístico, sino un aula abierta de conservación", concluyeron desde el área de Guardaparques al despedir a los últimos equipos de la temporada.