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EL DIARIO digital
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En un contexto marcado por la inestabilidad laboral, la informalidad y el encarecimiento del acceso a la vivienda, el proceso de independencia juvenil sigue siendo una meta postergada para una parte importante de la población joven en la Argentina. Según un informe del portal Infobae, basado en datos de la fundación Tejido Urbano, en 2025 el 38,3% de los jóvenes de entre 25 y 35 años no logró independizarse y continúa viviendo en el hogar de origen.
La cifra muestra un leve deterioro respecto de 2024, cuando el indicador se ubicaba en 37,8%, y deja al descubierto una problemática estructural: alrededor de 1,8 millones de jóvenes adultos siguen postergando su autonomía residencial. "Detrás de la aparente estabilidad se esconde una realidad persistente", advirtió Matías Araujo, investigador de Tejido Urbano.
Uno de los mejores registros
En ese panorama nacional complejo, La Pampa se destaca con un desempeño claramente superior al promedio. La proporción de jóvenes que no se independizó alcanza el 27,4%, lo que ubica a la provincia como la segunda con menor nivel de no emancipación en todo el país, solo superada por Tierra del Fuego, que encabeza el ranking de mayor autonomía juvenil.
El contraste es fuerte si se lo compara con otras regiones. Mientras que en La Pampa poco más de uno de cada cuatro jóvenes continúa viviendo con sus padres, en provincias del Norte Grande la situación es sensiblemente más crítica, con niveles de no emancipación que superan el 60% en distritos como Santiago del Estero y Salta.
Empleo, ingresos y precariedad
El informe señala que el acceso al empleo sigue siendo una condición central para la emancipación. La desocupación entre personas de 25 a 35 años supera en 1,5 puntos porcentuales a la del conjunto de la Población Económicamente Activa (PEA). Además, el desempleo alcanza el 10,1% entre quienes no lograron independizarse, casi el doble que entre quienes sí lo hicieron.
En términos de ingresos, los jóvenes ganan en promedio un 10% menos que el total de la PEA. Sin embargo, existe una brecha marcada: los ingresos de quienes están emancipados duplican a los de quienes aún viven en el hogar familiar y se ubican incluso un 15% por encima de la media general.
La calidad del empleo también aparece como un factor clave. La informalidad juvenil llega al 36%, seis puntos porcentuales más que en el conjunto de la población ocupada. En muchos casos, la salida del hogar familiar se construye a partir de trabajos independientes o cuentapropistas, modalidades más inestables y riesgosas. "Frente a un mercado laboral restrictivo, la emancipación muchas veces se logra desde estrategias precarias", explicó Araujo.
Costo de vida y los estudios
A la dificultad laboral se suma el alto costo de los servicios y de los alquileres. El gasto promedio mensual en servicios públicos asciende a casi 193 mil pesos, mientras que el alquiler de un monoambiente en grandes centros urbanos supera holgadamente los 600 mil pesos, lo que eleva el umbral mínimo para vivir de manera independiente a unos 800 mil pesos mensuales.
Otro dato relevante es que los jóvenes que continúan estudiando tienen el doble de probabilidad de seguir viviendo con sus padres. La finalización de los estudios aparece así como un hito clave para lograr mayor estabilidad laboral e ingresos suficientes, aunque muchas veces la necesidad de trabajar aun en condiciones precarias termina extendiendo las trayectorias educativas.
El informe de Tejido Urbano expone fuertes brechas territoriales. El Norte Grande y el Gran Buenos Aires concentran los peores indicadores, con un patrón de rezago estructural que se profundizó en el último año. En contraposición, provincias como La Pampa muestran niveles de autonomía juvenil significativamente más altos, lo que sugiere la incidencia de mercados laborales más dinámicos, menores presiones habitacionales o mejores condiciones de ingreso relativo.
"La postergación de la emancipación no es solo un fenómeno cultural o demográfico: es una señal de alerta sobre la dificultad del sistema económico y habitacional para integrar a una generación entera", concluyó Araujo. En ese contexto, el caso pampeano aparece como una excepción dentro de un escenario nacional atravesado por la precarización y las dificultades para construir un proyecto de vida independiente.