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EL DIARIO digital
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La violencia en Tucumán se cobró la vida de Joaquín Rodrigo Ibarra, un joven de 21 años que soñaba con ser ingeniero. El muchacho fue asesinado por dos "motochorros" en la localidad de Alderetes. Lo más estremecedor del caso es el botín del crimen: una bolsa de tela con una bermuda y una remera. Joaquín no se resistió, pero lo ejecutaron igual.
El hecho ocurrió este lunes a la madrugada en el barrio Julio Abraham. Joaquín había caminado 15 cuadras para jugar a las cartas con amigos. Cámaras de seguridad registraron el momento exacto: el joven levantó los brazos y entregó sus pertenencias sin dudarlo. Sin embargo, antes de huir, uno de los delincuentes regresó, lo golpeó y le disparó en la cabeza.
La fiscal María del Carmen Reuter imputó a dos menores de 16 y 17 años, ambos con antecedentes, bajo el cargo de "homicidio criminis causa". Según la fiscalía, dispararon para asegurar su impunidad y evitar ser reconocidos. Los adolescentes fueron trasladados al Instituto Roca por un plazo preventivo de cuatro meses.
"Nos mataron en vida"
Joaquín Ibarra era el único hijo varón de una familia de Banda de Río Salí. Trabajaba haciendo changas para pagarse sus estudios de ingeniería, era padrino de su sobrina y un "niño sin maldad", según lo describe su hermana Marisel.
Repecto al hecho, la hermana de la víctima expresó que "él tiró la bolsa, no se resistió a nada. No había necesidad de que lo mataran. Me lo han arrebatado cuando recién empezaba a vivir".
El crimen, que quedó grabado en video, muestra la frialdad de los atacantes, quienes ni siquiera se llevaron el celular de la víctima. Mientras la familia atraviesa un vacío inmenso, la justicia tucumana procesa a dos menores de edad que ya contaban con un frondoso prontuario delictivo. Para los Ibarra, el consuelo no existe: "Ellos siguen respirando, yo ya no lo tengo a mi hermano".