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EL DIARIO digital
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En el barrio Villa del Busto de la capital pampeana, la paciencia vecinal colapsó al mismo ritmo que las cañerías. Cansados de respirar un "perfume" indiscutible y de esquivar efluentes como si fuera un deporte extremo, los vecinos de Tomás Mason y Río Negro marcharon al Concejo Deliberante con un álbum fotográfico digno de una película de terror.
Baches decorados con pallets de madera para no perder el tren delantero y lagunas hogareñas cada vez que cae una gota completan la postal de una esquina abandonada a su suerte. Mientras la burocracia analiza la "prioridad" del expediente, en el barrio ya no saben si pedir pavimento o un servicio de balsas. Respuestas de fondo, abstenerse de nuevos emparchados.