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EL DIARIO digital
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El 27 de julio se cumplieron 44 años del fallecimiento de Amílcar Evangelista, uno de los grandes referentes del arte y la cultura pampeana. Pintor, escultor, docente, hombre de teatro, gestor cultural y promotor de generaciones de artistas, dejó una huella que trasciende su obra y se proyecta en las instituciones y en la identidad cultural de la provincia.
La historia cultural de La Pampa no puede contarse sin mencionar a Amílcar Evangelista. Su nombre aparece asociado a los primeros pasos de las artes plásticas organizadas en la provincia, al nacimiento de instituciones fundamentales para la formación artística y a una concepción de la cultura entendida como un bien colectivo.

Nacido en Santa Rosa el 27 de julio de 1927, Evangelista desarrolló toda su vida en la capital pampeana, donde falleció el 27 de julio de 1982, a los 55 años, dejando una trayectoria tan intensa como multifacética. Su figura continúa siendo una referencia ineludible para comprender el desarrollo artístico de La Pampa durante la segunda mitad del siglo XX.
Un artista formado en la Santa Rosa de mediados del siglo XX
Sus primeros estudios los realizó en la Universidad Popular, que funcionaba en el edificio que hoy ocupa la Escuela N° 2. Allí comenzó un camino de formación artística que luego profundizó bajo la guía del reconocido pintor y escultor Emilio González Moreno, uno de los maestros fundamentales de las artes plásticas pampeanas.

Desde muy joven demostró que sus intereses excedían ampliamente la pintura.
Junto a un grupo de estudiantes secundarios creó el Grupo H, un espacio dedicado al teatro vocacional que reflejaba la efervescencia cultural que comenzaba a gestarse en Santa Rosa durante las décadas de 1940 y 1950.
Aquella inquietud interdisciplinaria marcaría toda su existencia.
Mucho más que un pintor
Si bien fue reconocido principalmente por su producción pictórica, Evangelista fue una personalidad artística excepcionalmente amplia.
Pintó, dibujó, realizó esculturas, hizo teatro, escribió, promovió actividades cinematográficas y participó activamente en los debates culturales de su tiempo.

Quienes lo conocieron solían definirlo como un "hombre del Renacimiento", porque ninguna expresión artística le resultaba ajena.
Su producción pictórica no fue abundante, pero sí de enorme calidad técnica.
Aunque perteneció a una generación que abrazó las búsquedas renovadoras y las vanguardias, nunca renunció a los fundamentos clásicos del dibujo y la composición. Esa combinación entre modernidad y rigor académico otorgó personalidad propia a su obra.
Como señalan investigadores del arte pampeano, Evangelista integró una generación que impulsó proyectos colectivos para fortalecer la actividad artística provincial y abrir nuevos espacios de exhibición y formación.
Maestro de generaciones
Quizás uno de sus mayores legados no esté solamente en los cuadros que pintó, sino en los artistas que ayudó a formar.
Fue uno de los fundadores del Instituto Provincial de Bellas Artes, institución que marcó un antes y un después en la enseñanza artística de La Pampa.
Allí ejerció como profesor durante años, transmitiendo conocimientos técnicos, sensibilidad estética y una concepción del arte ligada al compromiso cultural. Investigaciones sobre la plástica pampeana destacan su tarea docente en el Instituto entre 1966 y 1977, además de su influencia como formador de nuevas generaciones.
El gestor cultural
Su compromiso con la cultura también lo llevó a ocupar el cargo de director municipal de Cultura de Santa Rosa.
Desde esa función impulsó actividades, promovió exposiciones y favoreció la participación de artistas locales en un momento en que la infraestructura cultural de la provincia todavía estaba en construcción.
Más que administrar cultura, Evangelista entendía que era necesario crear las condiciones para que surgieran nuevos artistas y nuevas expresiones.
Esa mirada explica buena parte del reconocimiento que recibió en vida y del respeto que continúa despertando entre quienes trabajan por la cultura pampeana.
Reconocimiento nacional
Aunque desarrolló casi toda su carrera en La Pampa, su obra trascendió rápidamente el ámbito provincial.
En 1958 obtuvo una Mención Especial en el Salón Anual del Ministerio de Obras Públicas de la Nación, certamen cuyo jurado integraba nada menos que Raúl Soldi, uno de los pintores más prestigiosos del país.
Tres años después, en 1961, participó en el Salón Nacional, consolidando su presencia dentro del panorama artístico argentino.
Más adelante, también integró la Muestra Bienal de Valores Plásticos del Interior, realizada en Buenos Aires en 1972, reconocimiento que reafirmó su lugar entre los artistas representativos del interior del país.
Un legado que sigue vigente
Hablar de Amílcar Evangelista es hablar de una época en la que el desarrollo cultural de La Pampa dependía, en gran medida, del esfuerzo de artistas que entendían la creación como una tarea colectiva.
Su influencia puede rastrearse en instituciones, en políticas culturales, en docentes, en pintores formados bajo su mirada y en la consolidación de un movimiento plástico que logró posicionar a la provincia dentro del mapa artístico nacional.
Más de cuatro décadas después de su fallecimiento, su figura continúa ocupando un lugar central en la memoria cultural pampeana.
No sólo por la calidad de su obra, sino porque ayudó a construir las bases sobre las cuales crecieron buena parte de las expresiones artísticas de La Pampa contemporánea.
Amílcar Evangelista fue, en definitiva, uno de esos hombres capaces de entender que el arte no termina en un cuadro ni en una escultura: continúa en cada alumno formado, en cada institución creada y en cada comunidad que encuentra en la cultura una forma de construir su identidad.