Escuchá esta nota
EL DIARIO digital
minutos
La menopausia antes de tiempo no solo marca el fin anticipado de la etapa reproductiva de una mujer. También puede convertirse en una seria señal de alerta para la salud cardiovascular. Así lo revela una de las investigaciones más amplias realizadas hasta la fecha, que analizó durante 15 años a más de 111.000 mujeres de 26 países y concluyó que quienes atraviesan una menopausia prematura presentan un riesgo significativamente mayor de sufrir infartos, accidentes cerebrovasculares e insuficiencia cardíaca.
El trabajo, publicado en la revista científica Obstetricia y Ginecología The Lancet Obstetrics, Gynaecology & Women's Health, forma parte del estudio internacional PURE y contó con la participación de más de 30 instituciones académicas y médicas de distintos continentes.
Los resultados mostraron que las mujeres que ingresan en la menopausia antes de los 40 años presentan aproximadamente un 30% más de probabilidades de padecer eventos cardiovasculares graves en comparación con aquellas que llegan a esa etapa a edades consideradas normales. El riesgo también aumenta en quienes atraviesan una menopausia temprana, entre los 40 y los 45 años.
Uno de los aspectos más llamativos del informe es que la relación se mantuvo incluso después de considerar otros factores de riesgo tradicionales como hipertensión arterial, diabetes, obesidad o sedentarismo.
Una desigualdad que impacta en la salud
La investigación también puso en evidencia una marcada diferencia entre países ricos y naciones con menores recursos económicos. Mientras que en países desarrollados cerca del 23% de las mujeres experimenta menopausia precoz o temprana, en regiones más vulnerables esa cifra asciende al 43%.
Casos como los de Pakistán, Tanzania, India, Bangladés o Zimbabue mostraron que una proporción considerable de mujeres llega a la menopausia antes de los 45 años. En contraste, países como Suecia, Canadá o Emiratos Árabes Unidos registraron porcentajes significativamente menores.
Los especialistas atribuyen esta brecha a múltiples factores que suelen coexistir: desnutrición, tabaquismo, bajo peso corporal, acceso limitado a servicios de salud y educación, además de condiciones adversas durante el embarazo y la infancia.
Sin embargo, algunos expertos advierten que parte de esa diferencia podría estar influida por diagnósticos confusos. En contextos de pobreza extrema, la ausencia de menstruación puede deberse a situaciones de estrés físico o malnutrición severa y no necesariamente a una menopausia verdadera.
El papel protector de los estrógenos
La explicación biológica detrás de este fenómeno está relacionada con la pérdida anticipada de estrógenos, hormonas que cumplen una función clave en la protección del sistema cardiovascular.
Los estrógenos ayudan a controlar los niveles de colesterol y triglicéridos, favorecen el buen funcionamiento de los vasos sanguíneos y limitan la acumulación de grasa visceral. Cuando esa protección desaparece antes de tiempo, aumenta el riesgo de desarrollar aterosclerosis, una enfermedad caracterizada por la acumulación de placas de grasa en las arterias.
Como consecuencia, crecen las probabilidades de sufrir infartos, accidentes cerebrovasculares e insuficiencia cardíaca años después.
Un llamado de atención para la salud pública
Los investigadores sostienen que las mujeres que atraviesan una menopausia precoz deberían ser consideradas un grupo prioritario dentro de las estrategias de prevención cardiovascular. Detectar estos casos de manera temprana permitiría realizar controles más exhaustivos y adoptar medidas preventivas antes de que aparezcan complicaciones mayores.
Entre las recomendaciones más importantes figuran mantener un peso saludable, realizar actividad física regularmente, evitar el tabaquismo y sostener una alimentación equilibrada. Además, los especialistas destacan que las terapias de reemplazo hormonal pueden ser útiles en determinados casos, siempre bajo supervisión médica.
La evidencia científica es cada vez más contundente: la edad en la que llega la menopausia no solo influye en la calidad de vida, sino que también puede convertirse en un factor determinante para la salud del corazón.