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EL DIARIO digital
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La posibilidad de una tregua en Medio Oriente sigue envuelta en máxima tensión. El régimen de Irán dejó en claro que únicamente aceptará un acuerdo de paz con Estados Unidos si las condiciones respetan sus intereses estratégicos y no implican una rendición encubierta ante Washington.
La respuesta iraní llegó después de las explosivas declaraciones de Donald Trump, quien había presionado públicamente a Teherán para aceptar sus condiciones y hasta sugirió que el régimen "debería ondear la bandera blanca". Mientras tanto, la Casa Blanca decidió suspender temporalmente la operación naval "Proyecto Libertad", una misión militar destinada a garantizar el tránsito comercial en el estrecho de Ormuz tras semanas de ataques y amenazas en la región.
La posición iraní se consolidó luego de una reunión clave en Beijing entre el viceministro de Exteriores Abbas Araghchi y el canciller chino Wang Yi. Allí, Teherán dejó un mensaje tajante: no aceptará imposiciones unilaterales y solo avanzará hacia un cese definitivo de hostilidades si el acuerdo resulta "justo".
La reunión no fue casual. China empezó a involucrarse cada vez más en la crisis y busca posicionarse como actor diplomático central para evitar que el conflicto derive en una guerra regional de gran escala. Wang Yi aseguró que Beijing "trabajará más para aliviar tensiones y poner fin a los combates", al tiempo que remarcó la importancia estratégica del estrecho de Ormuz para el abastecimiento energético chino.
Ese corredor marítimo se transformó en uno de los puntos más calientes del planeta. Más de la mitad del petróleo que China importa por vía marítima pasa por esa zona y los recientes ataques contra embarcaciones comerciales encendieron todas las alarmas internacionales. El episodio más grave de las últimas horas afectó a un portacontenedores francés, alcanzado durante un ataque que dejó heridos y obligó a evacuar parte de la tripulación.
En medio de ese escenario explosivo, Trump optó por congelar momentáneamente el operativo militar estadounidense para evitar una escalada inmediata. Sin embargo, el mandatario mantuvo un discurso agresivo y volvió a minimizar la capacidad militar iraní. "Quieren llegar a un acuerdo", aseguró desde la Casa Blanca, aunque reconoció que Teherán no aceptará una rendición abierta "por orgullo".
La tensión diplomática también se mezcla con la disputa geopolítica entre Washington y Beijing. La reunión entre funcionarios iraníes y chinos ocurrió apenas días antes de la prevista visita de Trump a China, en medio de una relación bilateral todavía marcada por tensiones comerciales, sanciones y competencia estratégica global.
Por ahora, el mensaje iraní parece claro: habrá negociación, pero no bajo amenaza. Y mientras Estados Unidos presiona con advertencias militares y China intenta convertirse en mediador, Medio Oriente continúa al borde de una nueva escalada que mantiene en vilo a los mercados, la energía mundial y la estabilidad internacional.