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EL DIARIO digital
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En un Congreso que los lunes suele bostezar más de lo que legisla, la escena cambió de golpe: Karina Milei irrumpió con agenda propia, cara de pocos amigos y una misión clara: ordenar a un oficialismo que empieza a mostrar grietas en la Cámara Baja.
No fue una visita protocolar. Fue un movimiento quirúrgico. La hermana del Presidente aterrizó cerca de las 14:30 en el Palacio Legislativo, cruzó despachos y se sentó con el jefe de la Cámara, Martín Menem, en un intento de alinear tropa, disciplinar agendas y frenar el avance de una oposición que huele sangre.
Un oficialismo que perdió ritmo
Puertas adentro, el diagnóstico es incómodo: La Libertad Avanza ya no marca el pulso como en sus primeros meses. La agenda legislativa se empantanó y los proyectos clave quedaron atrapados entre negociaciones eternas y resistencias cada vez más organizadas.
- El temario libertario, además, luce flaco. Sobre la mesa aparecen tres ejes que, por ahora, no logran despegar:
- La llamada "Ley Hojarascas", una poda normativa con más ruido que resultados concretos.
- El financiamiento de las universidades nacionales, terreno donde la oposición juega fuerte.
- El Tratado de Cooperación en materia de Patentes, técnico pero políticamente sensible.
- El factor Adorni y el desgaste interno
El otro frente caliente no está en el recinto, sino en la comunicación. Las complicaciones en torno a Manuel Adorni suman tensión a una estructura oficialista que empieza a mostrar señales de desgaste. En paralelo, crecen los pedidos de interpelación contra Guillermo Francos, lo que amenaza con trasladar el conflicto directamente al recinto.
La jugada de Karina: control y verticalidad
La movida de Karina Milei no es casual ni improvisada. Es una señal de mando. En la Casa Rosada saben que, sin orden interno, no hay chance de sostener la iniciativa política. Por eso la reunión tuvo un objetivo concreto: bajar línea, cerrar filas y evitar que el Congreso se transforme en un campo de batalla perdido.
- El mensaje fue claro, aunque sin micrófonos: menos dispersión, más disciplina y una agenda que responda directamente al Ejecutivo.
Un Congreso que se vuelve terreno hostil
El problema para el oficialismo es estructural: minoría propia, aliados volátiles y una oposición que, aunque fragmentada, encuentra puntos de coincidencia cuando se trata de poner en aprietos al Gobierno.
- En ese contexto, cada sesión se convierte en una pulseada. Y cada proyecto, en una negociación milimétrica.
Karina Milei lo sabe. Por eso bajó al Congreso. No fue a saludar. Fue a ordenar. Porque en política, cuando el tablero se desacomoda, alguien tiene que mover las piezas. Y esta vez, la que jugó fue ella.