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EL DIARIO digital
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Lo que empezó como otro juicio exprés en redes sociales terminó dejando al descubierto una de las peores caras de la viralización sin contexto. Un hombre filmado al salir con un andador de un cajero del Banco Nación en Río Tercero fue señalado por cientos de usuarios que lo acusaron de "fingir" una discapacidad. Pero la realidad era muy distinta: padece Enfermedad de Parkinson.
La difusión del video desató una ola de comentarios cargados de prejuicio, ironías y acusaciones livianas, especialmente en medio del debate por los recortes en políticas vinculadas a la discapacidad. Sin embargo, con el correr de las horas, la historia dio un giro que dejó a muchos expuestos.
La familia rompió el silencio
Fue la propia hija del hombre quien salió a aclarar la situación y lamentó profundamente que el video se hubiera grabado y difundido sin consentimiento.
Según explicó, la exposición pública generó interpretaciones completamente erróneas sobre el estado de salud de su padre y terminó convirtiendo una situación cotidiana en un espectáculo cruel en redes sociales.
- Lo que muchos interpretaron como una supuesta simulación era, en realidad, una manifestación habitual de su enfermedad.
- El kinesiólogo fue contundente: "Es propio del Parkinson"
- El profesional que lo trató durante años también decidió intervenir para frenar la catarata de desinformación.
Explicó que la dificultad para retomar la marcha después de permanecer quieto durante un tiempo es una característica frecuente en pacientes con Parkinson. Es decir, no se trataba de una actuación ni de una maniobra para engañar a nadie, sino de una respuesta neurológica típica de la patología.
"Después de estar detenido, le cuesta retomar la marcha. Es algo propio del sistema nervioso en estos casos", detalló.
Además, señaló que cuando el paciente cuenta con más espacio y menos obstáculos alrededor, puede reorganizar mejor sus movimientos y caminar con mayor fluidez, algo que justamente se observaba en el video viral.
- El peligro de las condenas instantáneas
- El kinesiólogo también expresó su enojo por la viralización del caso y advirtió sobre el daño real que provocan estas exposiciones.
No solo por el impacto emocional sobre la persona afectada y su familia, sino también porque este tipo de contenidos refuerzan prejuicios peligrosos sobre las personas con discapacidad.
En tiempos donde una grabación de pocos segundos parece suficiente para dictar sentencia pública, el episodio volvió a encender una discusión incómoda pero necesaria: la responsabilidad con la que se usan las redes sociales.
Cuando el escrache reemplaza a la empatía
El caso dejó una lección incómoda. La facilidad para juzgar desde una pantalla puede convertir a cualquier persona en blanco de una condena injusta.
Esta vez, detrás del video viral no había una trampa ni una estafa: había una enfermedad, una familia golpeada por la exposición y una sociedad demasiado rápida para señalar, pero muy lenta para pedir disculpas.