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Aprendizaje en tiempos de atajos

Aprendizaje en tiempos de atajos
Aprendizaje en tiempos de atajos
IA, resultados rápidos y trayectos cortos.

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Por Federico Rodriguez Castro

Un estudiante se sienta frente a la notebook para hacer un trabajo práctico. Tiene el aula virtual abierta, un PDF sin leer y en otra pestaña una inteligencia artificial lista para resumirle en segundos lo que antes exigía horas. Es una postal bastante precisa de estos tiempos.

No creo que haya un problema tecnológico aqui, pero si una transformación en la relación con el conocimiento, con la atención y con el tiempo mismo de aprender.

Se suele decir que hay una crisis educativa. Y probablemente sea cierto. Pero habría que precisar de qué crisis estamos hablando. No alcanza con repetir que bajó la calidad, que los estudiantes se distraen más o que las redes sociales dañaron la concentración. Todo eso puede ser parte del cuadro, pero no explica el fondo del asunto. Lo que está en crisis es el sentido del aprendizaje.

Estudiar particularmente consistia en renegar y atravesar materias densas, sostener años de formación con carreras largas y proyectar trayectorias extensas bajo la idea de que ese esfuerzo tenía un correlato relativamente claro en el futuro, o nos aseguraría el mismo.

Esa promesa empezó a perder solidez.

Un mundo laboral que cambia con velocidad, donde las habilidades se vuelven obsoletas en poco tiempo, las trayectorias largas empiezan a parecer rígidas, incluso inciertas.

Por eso no sorprende que ganen lugar los cursos cortos, las capacitaciones, las diplomaturas, las formaciones profesionales y las microcredenciales. Estos formatos encajan mejor con una época atravesada por la urgencia, la incertidumbre y la consecuente necesidad de resultados rápidos. Son mas breves, mas flexibles, mas fáciles de combinar con trabajo y con otras obligaciones. Y sobre todo responden mejor a una lógica cada vez mas instalada que es aprender lo necesario, cuando hace falta y para resolver algo concreto.

A todo eso, se suma la dificultad creciente para sostener la atencion.

La atención hoy esta organizada por entornos que funcionan a partir del estimulo constante, la fragmentación y la recompensa inmediata.

Scrolleo. Notificaciones. Videos cortos. Cambios de foco. Interrupciones. Multiplicación de estímulos.

Mientras tanto el sistema educativo sigue pidiendo lo contrario con lecturas extensas, formaciones continuadas, concentración, elaboraciónes que demoran mas.

Y en todo este marco, aparece la inteligencia artificial. Pero no quiero hacer foco en la indignación que pueda llegar a generar que un alumno use ChatGPT para resumir textos o para ordenar ideas. Es más, no se porque debería generar tanto rechazo. Considero que la cuestion mas relevante es preguntarse ¿que pasa con el estudio cuando una herramienta puede explicar conceptos, proponer estructuras argumentales y acelerar en minutos lo que antes requería varias horas de trabajo mental? Que pasa con el estudio cuando gran parte del proceso puede delegarse?

Porque la IA, especificamente la generativa que es aquella más conocida por todos, aparte de facilitar tareas, tiene como consecuencia alterar el vínculo con el esfuerzo cognitivo ya que desplaza parte del proceso de pensar, de razonar, de utilizar la crítica. Y eso obliga a replantear ¿qué parte del aprendizaje sigue siendo irrenunciable?

Porque tal vez ahí esté uno de los nudos del problema.

Durante mucho tiempo, la educación funcionó como si el conocimiento fuera escaso y el desafío principal consistia en acceder a él. Pero hoy el conocimiento está por todas partes. Es abundante, inmediato, accesible y, muchas veces, automático. Lo relevante hoy es saber interpretar esa información que está en todos lados, filtrarla, discutirla, jerarquizarla y convertirla en criterio propio.

Ese corrimiento todavía no fue asumido del todo.

No se si la discusión debe girar solamente en torno a si los estudiantes leen menos, si usan demasiado el celular o si la IA les resuelve los trabajos. Habría que ahondar en algo mas incómodo. Preguntarse si la educación sigue formando para pensar o si en muchos casos quedó reducida a administrar títulos, sostener rutinas y cumplir con procesos que cada vez convencen menos.

Si aprender deja de ser una experiencia de transformación y pasa a medirse únicamente por su utilidad inmediata, la crisis además de ser pedagógica es cultural.

En esta época que se apremia la velocidad, que se castiga la demora y que se ofrece atajos para casi todo. ¿Quien está formando todavía la paciencia intelectual necesaria para comprender algo de verdad?

Porque sin esa paciencia quizás se puedan terminar cursos, aprobar materias o producir textos. Pero el pensar, en serio, probablemente sea otra cosa.

Y el problema tal vez no es que los estudiantes no quieran hacerlo, sino que hace tiempo dejamos de pedirselo, o peor … dejamos de considerarlo necesario.-

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