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EL DIARIO digital
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En medio de los destrozos que dejaron las últimas lluvias, el gobierno de Tucumán activó un plan de emergencia para amortiguar el golpe en el bolsillo: un subsidio eléctrico dirigido a miles de familias afectadas. La medida busca contener una situación crítica, aunque también deja preguntas sobre su costo y alcance real.
El anuncio fue encabezado por el gobernador Osvaldo Jaldo, junto al ministro Darío Monteros, tras firmar el convenio del plan "Bonificar" con autoridades locales, entre ellas la intendenta de Aguilares, Gimena Mansilla.
Facturas en pausa para los más golpeados
El esquema apunta a cubrir el consumo eléctrico de familias en zonas como La Madrid, Santa Ana, Aguilares y El Timbó. En total, se estima que unas 10 mil personas recibirán el beneficio.
El dato clave: no habrá dinero en mano. El subsidio se aplicará directamente sobre la factura, que será absorbida por el Estado a través del ente regulador. Una medida que busca rapidez, pero también control.
Un alivio que cuesta caro
El titular del ente energético provincial (ERSEPT), José Ascárate, puso números sobre la mesa: el plan implica alrededor de $1.100 millones por bimestre.
La intención oficial es clara: permitir que las familias se concentren en reconstruir sus hogares sin cargar con el gasto eléctrico durante varios meses. En un contexto donde muchas viviendas quedaron seriamente dañadas, ese margen puede ser determinante.
Entre la emergencia y la política tarifaria
El anuncio llega en paralelo a otro tema sensible: la revisión tarifaria. Desde el gobierno anticipan que habrá aumentos, aunque prometen que estarán por debajo de la inflación.
- Una promesa que, en el contexto actual, suena más a intento de contención que a garantía firme.
- Un parche necesario pero no definitivo
El subsidio aparece como una respuesta rápida ante una crisis concreta. Pero también deja expuesta una realidad más profunda: la vulnerabilidad de muchas zonas frente a eventos climáticos cada vez más intensos.
La asistencia estatal alivia, sí. Pero no resuelve el problema de fondo.
En Tucumán, hoy la prioridad es clara: reconstruir. El desafío vendrá después, cuando el agua baje del todo y la factura literal y política empiece a pasar.
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