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EL DIARIO digital
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El clima global arrancó espeso, cargado de tensión y con los operadores mirando de reojo cada movimiento en el estrecho de Ormuz. Sin embargo, Wall Street logró dar vuelta la historia: dejó atrás las pérdidas iniciales y cerró con subas, impulsado por señales todavía frágiles de negociación con Irán. El petróleo, que había arrancado en modo rally, también aflojó y le sacó presión a los mercados.
En ese contexto, los activos argentinos aprovecharon la ventana. Los bonos soberanos encadenaron su sexta suba consecutiva, sostenidos por un factor clave: el Banco Central sigue comprando dólares a ritmo firme, superando los USD 5.500 millones en lo que va del año. Ese respaldo no pasa desapercibido.
En Estados Unidos, el envión fue claro. El Dow Jones avanzó 0,6%, el S&P 500 rozó el 1% y el Nasdaq trepó 1,2%, con las tecnológicas liderando la recuperación. Todo, en medio de declaraciones explosivas de Donald Trump, que volvió a tensar la cuerda al amenazar con destruir barcos que interfieran en el bloqueo en Ormuz, aunque al mismo tiempo dejó entrever contactos con Irán para negociar.
A nivel local, el S&P Merval amagó con sumarse a la fiesta pero terminó desinflándose sobre el cierre: cayó 0,2% en pesos. Aun así, en dólares logró una leve mejora gracias al retroceso del contado con liquidación. Entre los papeles argentinos en Nueva York, hubo ganadores claros: Globant voló casi 8%, Bioceres trepó cerca de 5% y Mercado Libre sumó más de 3%.
Pero la verdadera foto del día estuvo en la deuda. Los bonos en dólares (Bonares y Globales) subieron en promedio 1,1%, mientras el riesgo país, medido por JP Morgan, cayó a 528 puntos básicos, su nivel más bajo desde febrero. Un número que, sin ser para descorchar, empieza a mostrar una tendencia que el mercado mira con atención.
Detrás del rebote hay algo más que coyuntura. Analistas coinciden en que cualquier señal de descompresión en Medio Oriente puede actuar como combustible para los activos emergentes. Y ahí Argentina, golpeada pero barata, entra en el radar.
Claro que no todo es euforia. La economía real sigue corriendo de atrás. Los salarios mejoran, pero sin recuperar terreno perdido. El desempleo baja, aunque con empleos cada vez más precarios. Y la pobreza cede, pero todavía lejos de una recuperación sólida. La macro empieza a ordenar, pero el bolsillo sigue esperando.
En síntesis: el mercado festeja, pero con un ojo puesto en las pantallas y el otro en el mapa geopolítico. Porque si algo quedó claro, es que en este escenario cualquier chispa o cualquier tregua puede cambiar el rumbo en cuestión de horas.
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