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Bala perdida, vida en suspenso: una nena de 13 años lucha por sobrevivir en medio del infierno narco en La Matanza

Bala perdida vida en suspenso- una nena de 13 años lucha por sobrevivir en medio del infierno narco en La Matanza
Bala perdida, vida en suspenso: una nena de 13 años lucha por sobrevivir en medio del infierno narco en La Matanza

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La escena es brutal y ya se volvió demasiado frecuente. En una plaza de La Matanza, donde debería haber juegos y risas, una ráfaga de disparos convirtió la tarde en una pesadilla. Emilia, 13 años, recibió un tiro en la cabeza y hoy pelea por su vida tras quedar atrapada en un tiroteo entre bandas narco.

Todo ocurrió en Ciudad Evita, a metros del asentamiento Puerta de Hierro. Testigos hablan de una secuencia tan rápida como salvaje: disparos, corridas y chicos tirándose al piso. En medio de ese caos, la bala calibre .22 encontró a Emilia. Le atravesó la nuca y la dejó al borde de la muerte.

No hubo ambulancias a tiempo. Fueron los propios vecinos quienes la cargaron y la llevaron de urgencia a la sala pediátrica de la parroquia local, donde lograron estabilizarla antes de derivarla a un hospital. Desde entonces, su estado es crítico.

La voz más cruda llegó desde la iglesia del barrio. El padre Nicolás Angelotti no habló solo de un milagro por la supervivencia de la nena, sino de una realidad que se repite: "No queremos vivir por milagro, queremos vivir con dignidad". Una frase que desnuda el hartazgo de vecinos que conviven con la violencia como rutina.

Porque lo de Emilia no es un hecho aislado. A pocas cuadras, el historial es escalofriante: secuestros, ajustes de cuentas y chicos asesinados por balas perdidas. Nombres que se acumulan en murales improvisados y que ya forman parte de una estadística que crece sin freno.

El diagnóstico en el barrio es unánime: ausencia del Estado, patrullaje insuficiente y narcotráfico operando a la vista de todos. "Cuando el Estado se corre, el narco avanza", repiten. Y en ese avance, los más vulnerables quedan expuestos.

Mientras tanto, la investigación avanza sin detenidos. Ni responsables, ni respuestas claras. Solo una certeza incómoda: en muchos rincones del conurbano, la línea entre jugar en una plaza y quedar en medio de un tiroteo es cada vez más delgada.

Emilia hoy resiste. Y su historia, una vez más, vuelve a poner en primer plano una pregunta que incomoda al poder: ¿cuántas balas más hacen falta para que algo cambie?

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