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Glaciares en la mira: el oficialismo junta los votos y avanza con una reforma que enciende la polémica

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El Congreso volvió a convertirse en un campo de batalla político. Con lo justo, pero suficiente, el oficialismo logró abrir la sesión en la Cámara de Diputados y puso en marcha el debate por la reforma de la Ley de Glaciares, un proyecto que promete sacudir el tablero ambiental y económico del país.

La cifra no es menor: 129 legisladores sentados en sus bancas. Quórum conseguido y una señal clara de que el Gobierno de Javier Milei está dispuesto a avanzar, aun en medio de protestas y fuerte resistencia en la calle. La sesión, advierten desde el recinto, será larga: podría estirarse hasta la madrugada, con un cierre cargado de tensión.

¿La clave del movimiento? Una arquitectura política bien aceitada. El oficialismo no llegó solo: necesitó del respaldo del PRO, la UCR y un puñado de bloques provinciales que inclinaron la balanza. Sin esos votos, la discusión ni siquiera arrancaba.

Pero el corazón del conflicto está en el contenido. La reforma propone un cambio de fondo: transferir a las provincias la potestad de decidir qué actividades productivas pueden desarrollarse sobre los cuerpos de hielo. Traducido al lenguaje político: más margen para habilitar proyectos —especialmente mineros— en zonas hasta ahora protegidas.

Mientras tanto, afuera del Congreso, el clima no es menos caliente. Activistas de Greenpeace ya habían anticipado el tono de la jornada con acciones de alto impacto, trepándose al Monumento de los Dos Congresos para visibilizar su rechazo. La calle y el recinto, otra vez, en sintonía de conflicto.

La sesión arrancó con pedidos de apartamiento del reglamento, una señal de que la oposición no piensa facilitar el camino. Cada artículo promete discusión, cada voto será contado con lupa y cada discurso buscará dejar marca.

Por ahora, el oficialismo logró lo más difícil: sentar a los diputados y abrir el juego. Pero el partido recién empieza, y en este tipo de debates, el resultado final nunca está garantizado. La madrugada dirá si la reforma avanza o si el hielo —esta vez político— termina quebrándose.

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