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EL DIARIO digital
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El tablero de Medio Oriente vuelve a crujir. Con un mensaje directo y sin rodeos, la Casa Blanca exigió a Irán que reabra de inmediato el estratégico Estrecho de Ormuz, una arteria vital por donde circula buena parte del petróleo mundial. El reclamo no es diplomático: es presión pura, con el telón de fondo de una tregua que hace agua.
Desde Estados Unidos dejaron en claro que no aceptarán restricciones ni peajes encubiertos. Traducido: Ormuz debe volver a operar sin condicionamientos si realmente hay intención de bajar la temperatura en la región. El problema es que, mientras se negocia la paz, los misiles siguen hablando.
El supuesto alto el fuego por dos semanas, anunciado como un primer paso hacia la desescalada, ya muestra grietas. Apenas horas después del acuerdo, Teherán volvió a mover fichas con ataques de drones y misiles sobre Kuwait, Emiratos Árabes Unidos y Bahréin. Un mensaje claro: la confianza está rota y el conflicto sigue vivo.
En paralelo, la Guardia Revolucionaria de Irán elevó el tono y dejó una frase que resume el clima actual: "el dedo en el gatillo". No es una metáfora menor. Es la confirmación de que la tregua pende de un hilo fino.
Del otro lado, Israel intenta mostrar control, pero con matices. Frenó sus ataques directos sobre territorio iraní, aunque mantiene la ofensiva contra Hezbollah en Líbano. Una jugada que deja al descubierto las contradicciones del acuerdo y descoloca a mediadores como Pakistán, que había insinuado un cese más amplio.
El primer ministro Benjamin Netanyahu ya había anticipado esta postura: no habrá pausa frente a Hezbollah. Mientras tanto, desde Líbano, el presidente Joseph Aoun intenta aferrarse a la esperanza de quedar incluido en una tregua más amplia que hoy parece lejana.
En Washington, el relato oficial busca instalar una victoria. Donald Trump habló de "éxito total", mientras el secretario de Defensa Pete Hegseth aseguró que Irán quedó sin capacidad militar relevante. Pero los hechos en el terreno cuentan otra historia: los ataques continúan y la tensión no baja.
Como último intento por evitar que todo descarrile, Pakistán convocó a nuevas negociaciones en Islamabad. La cita será clave, pero el contexto no ayuda: cuando las bombas siguen cayendo, la diplomacia corre siempre desde atrás.
En este escenario, el mensaje es claro: la tregua existe en los papeles, pero en la práctica, Medio Oriente sigue caminando al borde del abismo.
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