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EL DIARIO digital
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El conflicto en Medio Oriente suma una jugada de alto impacto global. Irán decidió ir a fondo: avanzar con un peaje multimillonario para reabrir el Estrecho de Ormuz, la arteria por donde circula buena parte del petróleo mundial. Un movimiento que no sólo desafía a Estados Unidos e Israel, sino que también amenaza con sacudir la economía global.
El proyecto ya tiene aval de una comisión parlamentaria, pero aún debe pasar por el Parlamento y el poderoso Consejo de los Guardianes. Si se aprueba, cambiará las reglas del juego en uno de los puntos más sensibles del comercio energético.
Un negocio de miles de millones y una herramienta de presión
La propuesta no es simbólica: contempla cobrar hasta 2 millones de dólares por buque o aplicar tarifas según el cargamento, al estilo del Canal de Suez.
El cálculo es brutal: Teherán podría recaudar hasta 100.000 millones de dólares anuales, superando incluso sus ingresos por exportación de petróleo.
Pero detrás del número hay algo más profundo: control geopolítico. El mensaje es claro quien quiera pasar, paga; quien no, queda afuera.
Hasta ahora, Irán aplicaba cobros informales y selectivos. Con esta ley, busca institucionalizar el mecanismo y convertirlo en una herramienta oficial de presión.
Un cuello de botella que paraliza al mundo
El impacto ya se siente. El tránsito por Ormuz está prácticamente restringido: en el último mes, apenas unos 150 buques lograron cruzarlo, cuando esa cifra solía repetirse cada día.
El efecto dominó no tardó:
El barril de petróleo superó los 100 dólares
Crece el riesgo de crisis energética global
Países dependientes del crudo entran en estado de alerta
Irán sabe que tiene la llave de un punto neurálgico. Y la está usando.
Trump cambia el tono y empuja a sus aliados
Del otro lado, Donald Trump juega su propia partida. Mientras deja entrever un posible retiro del conflicto, endurece el discurso hacia sus aliados.
Su mensaje fue directo y sin diplomacia: que los países vayan a buscar su propio petróleo y dejen de depender de Estados Unidos. Incluso sugirió avanzar sobre el estrecho si es necesario.
Una señal que encendió alarmas en la OTAN y en economías asiáticas, acostumbradas al paraguas militar estadounidense.
El tablero se recalienta
El control del Estrecho de Ormuz ya no es sólo una cuestión regional. Es una palanca global.
Irán apuesta a convertir una crisis en negocio y poder. Estados Unidos, a correrse parcialmente y redibujar su rol. Y el resto del mundo queda atrapado en el medio, con energía más cara y menos margen de maniobra.
La pregunta ya no es si el conflicto escalará. La duda es cuánto está dispuesto a pagar el mundo para que no lo haga.