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Trump apura la retirada de Irán y vende "cambio de régimen", pero Teherán no compra el relato

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La escena parece calcada de un guion ya conocido: anuncio triunfal desde Washington, promesas de retirada exprés y una negociación que, en los papeles, ya estaría encaminada. Esta vez, el protagonista vuelve a ser Donald Trump, quien aseguró que Estados Unidos se retirará de Irán "en dos o tres semanas" tras dar por consumado un supuesto "cambio de régimen". Del otro lado, en Teherán, la reacción fue fría: sin fin total del conflicto, no habrá respuesta.

Desde la Casa Blanca, Trump habló como quien ya bajó la persiana del operativo. "Estamos terminando el trabajo", lanzó, mientras intentaba instalar la idea de una victoria rápida y quirúrgica. Según su versión, los bombardeos sobre estructuras vinculadas a la Guardia Revolucionaria Islámica dejaron al aparato militar iraní seriamente golpeado y abrieron la puerta a negociar con un liderazgo "más razonable".

Pero el discurso tiene fisuras. El propio mandatario admitió que no planea eliminar los depósitos de uranio enriquecido —uno de los núcleos duros del conflicto— porque están "demasiado enterrados". Traducido: el objetivo estratégico más sensible sigue intacto.

Mientras tanto, en Irán no hay señales de rendición ni de apuro. El canciller Abbas Araqchi dejó en claro que la propuesta estadounidense de 15 puntos sigue sin respuesta. ¿El motivo? Desconfianza total y una condición innegociable: terminar con todos los conflictos en la región, no apenas un alto el fuego decorativo.

El mensaje desde Teherán es directo y sin maquillaje diplomático: la confianza con Washington es "nula". La sombra de la salida unilateral de EE.UU. del acuerdo nuclear de 2015 sigue pesando, y los ataques durante negociaciones pasadas terminaron de dinamitar cualquier credibilidad.

Trump, fiel a su estilo, intenta cerrar el capítulo vendiendo eficacia: asegura que Irán tardará "15 a 20 años" en reconstruir lo destruido. Sin embargo, evita comprometerse con una victoria completa y admite que el desmantelamiento nuclear podría ni siquiera ser necesario para declararse ganador.

En el tablero internacional, también hay señales de repliegue selectivo. Washington se corre del control del estrecho de Ormuz y deja la seguridad marítima en manos de otras potencias. Un movimiento que suena más a retirada táctica que a dominio consolidado.

La foto final, por ahora, es incómoda para ambos lados: Estados Unidos busca salir rápido sin terminar del todo el trabajo, mientras Irán resiste sin ceder en lo esencial. En el medio, una negociación que todavía no arranca y un conflicto que, pese a los anuncios grandilocuentes, está lejos de cerrarse.

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