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Rosario sangra otra vez: cuatro crímenes en horas y un mensaje oficial que no convence

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La postal vuelve a repetirse en Rosario: sirenas, escenas del crimen y una estadística que incomoda. En poco más de 24 horas, cuatro asesinatos sacudieron a la ciudad y elevaron a doce los homicidios en lo que va de marzo. Un número que, por más que se intente relativizar, vuelve a encender todas las alarmas.

Desde el Gobierno provincial, el ministro de Seguridad Pablo Cococcioni salió rápido a poner paños fríos. Aseguró que "no hay un patrón común" entre los hechos y que se trata de episodios aislados. Sin embargo, la acumulación en tan corto tiempo golpea directamente sobre la percepción social: cuando los crímenes se encadenan, la sensación de descontrol crece, aunque los expedientes digan otra cosa.

Cuatro crímenes, cuatro escenas, una misma tensión

La seguidilla arrancó el miércoles por la noche en barrio Santa Lucía. Una balacera terminó con la vida de Alexis Barrios y dejó a una mujer herida. Horas después, en la zona norte, fue asesinado Oscar Sarría, un comerciante con antecedentes recientes por un hecho violento.

El jueves la violencia no dio respiro. En el mismo barrio Santa Lucía, Agustín Torales fue acribillado en plena vía pública, en una zona donde ya había sido atacado tiempo atrás. Como si faltara cerrar el círculo, por la noche apareció muerto un hombre de 75 años en la zona sur: Ercilio Centurión, víctima de un brutal golpe en lo que se investiga como un robo.

Distintos barrios, distintas víctimas, distintos contextos. Pero un mismo telón de fondo: Rosario vuelve a ser noticia por la sangre.

El discurso oficial vs. la calle

Cococcioni insiste en que no hay un aumento de la violencia, sino una "acumulación de casos". También destaca avances en investigación criminal y la implementación del sistema Lince, basado en inteligencia artificial.

El planteo técnico puede ser sólido, pero choca con la percepción cotidiana. Porque cuando cuatro homicidios ocurren en cuestión de horas, la discusión sobre si hay o no "patrón común" pasa a segundo plano. Lo que queda es el impacto.

¿Contención o tregua frágil?

El Gobierno habla de "actividad delictiva contenida" y de un sistema penitenciario que busca evitar que el crimen se siga organizando desde las cárceles. Sin embargo, reconoce algo clave: el desmantelamiento total de las organizaciones criminales todavía está lejos.

Ahí está el punto crítico. Rosario vive en una especie de equilibrio inestable, donde los picos de violencia aparecen de golpe y rompen cualquier sensación de calma.

Una ciudad en estado de alerta permanente

Lo ocurrido en estas horas no es solo una suma de casos policiales. Es un síntoma. Cada nuevo crimen erosiona la idea de normalidad que el gobierno intenta sostener.

Porque en Rosario, la calma nunca termina de consolidarse. Apenas se administra. Y cuando la violencia vuelve a irrumpir con esta intensidad, deja al descubierto una realidad incómoda: el problema no desapareció, solo estaba esperando.

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