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EL DIARIO digital
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La guerra en Ucrania sumó un capítulo inquietante y con alto impacto simbólico. Rusia lanzó más de 400 drones en una ofensiva masiva que tuvo como blanco principal el centro de Leópolis, una ciudad cargada de historia y a apenas 70 kilómetros de Polonia. El resultado: al menos 22 heridos, incendios en zonas residenciales y daños en patrimonio protegido. Un ataque que no solo apunta a lo militar, sino que mete presión directa sobre el mapa político europeo.
El dato que sacude: el bombardeo ocurrió a plena luz del día, algo poco habitual incluso en este conflicto. La señal es clara: Moscú amplía su margen de acción y ya no se limita a operar bajo la cobertura de la noche.
Las autoridades locales confirmaron que uno de los puntos alcanzados fue el complejo histórico donde se ubican la iglesia de San Andrés, del siglo XVII, y el monasterio bernardino. Allí, el impacto de los drones desató incendios en edificios residenciales de tres plantas, dentro de un área considerada de alto valor cultural.
El intendente Andrí Sadoví detalló que los hospitales de la ciudad recibieron al menos 22 heridos de distinta gravedad, mientras que otro dron impactó en un edificio de nueve pisos en el distrito de Sykhiv. Como si fuera poco, fragmentos de aeronaves no tripuladas cayeron en calles concurridas, elevando el riesgo para civiles.
Una ofensiva sin precedentes recientes
Desde la Fuerza Aérea ucraniana no dudaron en marcar la magnitud del ataque. Yuri Ignat, vocero militar, lo definió sin rodeos: una escala inusual, prácticamente sin antecedentes recientes en pleno día. El despliegue de drones muchos de ellos de diseño iraní tipo Shahed confirma una estrategia de saturación: lanzar en masa para forzar las defensas y garantizar impactos.
Pero Leópolis no fue el único objetivo. La ofensiva se extendió a otras ciudades como Ternópil, Vínnitsa, Ivano-Frankivsk, Zhitómir, Zaporiyia y Dnipró, donde también se reportaron daños en infraestructura y víctimas.
El jefe de la administración regional, Maksim Kozitskí, confirmó que viviendas privadas e instalaciones críticas fueron alcanzadas en distintos puntos, ampliando el alcance del golpe ruso más allá de un solo objetivo urbano.
Patrimonio bajo fuego y presión internacional
El ataque no pasó desapercibido en el plano político. La primera ministra ucraniana, Yulia Sviridenko, calificó la ofensiva como un ataque directo contra zonas civiles en horario diurno y reclamó una respuesta internacional más dura. En la misma línea, el canciller Andrí Sibiga puso el foco en un elemento clave: el daño a un sitio protegido por la Unesco.
La acusación es directa y busca impacto global: atacar patrimonio cultural no solo golpea la moral interna, también tensiona los vínculos diplomáticos y obliga a organismos internacionales a pronunciarse.
En paralelo, desde Kiev insisten en endurecer sanciones y avanzar con medidas más contundentes contra Moscú, en un intento por frenar una escalada que ya no distingue entre objetivos estratégicos y símbolos históricos.
El mensaje detrás del ataque
Más allá del saldo inmediato, el bombardeo deja una lectura incómoda: Rusia demuestra capacidad para golpear lejos del frente de batalla y en zonas con fuerte peso simbólico. Leópolis, hasta ahora relativamente alejada del epicentro de la guerra, aparece en el radar con una claridad preocupante.
El conflicto entra así en una fase donde la presión no solo se mide en territorio conquistado, sino en el impacto psicológico, cultural y político. Y en ese terreno, los drones silenciosos, masivos y difíciles de frenar se consolidan como protagonistas de una guerra cada vez más impredecible.