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EL DIARIO digital
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La tensión en Medio Oriente volvió a escalar y fuerte. Las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) desplegaron una ofensiva precisa en el sur del Líbano que dejó un saldo contundente: ocho combatientes abatidos, un arsenal destruido y un mensaje político-militar imposible de ignorar. En un escenario cada vez más inflamable, Tel Aviv no solo golpea: también redefine el mapa de control en la frontera norte.
Según el parte oficial, la operación estuvo a cargo de la unidad Golani, una de las brigadas más experimentadas del ejército israelí, que avanzó sobre enclaves considerados clave para las milicias de Hezbollah. El dato no es menor: no se trató de un ataque aislado, sino de una maniobra coordinada que combinó inteligencia, fuego aéreo y despliegue terrestre para desarticular infraestructura crítica.
El hallazgo más explosivo fue un pozo subterráneo utilizado como depósito de armas. Allí, las tropas encontraron un verdadero supermercado de guerra: cohetes antitanque, fusiles Kalashnikov, ametralladoras y granadas listas para ser utilizadas. Todo fue destruido. Sin matices.
Pero la operación no terminó ahí. En paralelo, las FDI lanzaron ataques nocturnos sobre Beirut y otros puntos estratégicos del sur libanés. El blanco: cuarteles de Hezbollah, incluyendo instalaciones vinculadas a la Fuerza Radwan la unidad de élite especializada en francotiradores y centros de inteligencia. Incluso una emisora de televisión fue señalada como base operativa encubierta y atacada.
El mensaje israelí es claro: Hezbollah no solo opera, sino que según Jerusalén lo hace escudándose en infraestructura civil. Una acusación que, como suele ocurrir en este conflicto, eleva la polémica internacional pero no frena la maquinaria militar.
En la localidad de A-Tiri, otro golpe directo: un cuartel instalado en una estación de radio fue alcanzado mientras había miembros del grupo en su interior. La escena, según fuentes militares, fue parte de una ofensiva sostenida que busca desarticular la logística del movimiento chiita, al que Israel vincula directamente con Irán.
Zona de seguridad: el nuevo tablero
El punto más delicado y con mayores implicancias geopolíticas llegó después. El ministro de Defensa israelí, Israel Katz, anunció la creación de una "zona de seguridad" que se extendería hasta el río Litani. Traducido: una franja bajo control militar israelí dentro del territorio libanés.
La decisión no es simbólica. Implica, en los hechos, una ocupación estratégica con el argumento de proteger a las comunidades del norte de Israel. Katz fue tajante: las tropas permanecerán allí "hasta garantizar la seguridad total".
El movimiento reconfigura el tablero regional y abre interrogantes incómodos. ¿Hasta dónde está dispuesto a avanzar Israel? ¿Cómo responderá Hezbollah? ¿Y qué margen queda para la diplomacia en un terreno donde los misiles parecen tener la última palabra?
Por ahora, los hechos marcan una sola dirección: escalada, control territorial y un conflicto que, lejos de apagarse, suma nuevos capítulos cada vez más intensos.