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Trump agita el tablero en Medio Oriente: habla de "cambio de régimen" y lanza una jugada explosiva sobre el estrecho de Ormuz

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En medio de un escenario internacional cada vez más caliente, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, volvió a meter presión con declaraciones que no pasaron desapercibidas. Entre promesas de apertura, ironías y advertencias, dejó una frase que encendió todas las alarmas: "habrá una forma muy seria de cambio de régimen".

El foco está puesto en uno de los puntos más sensibles del planeta: el estrecho de Ormuz. Por allí circula buena parte del petróleo mundial y cualquier movimiento tiene impacto global inmediato. Trump aseguró que ese paso estratégico "estará abierto muy pronto" y sorprendió al deslizar una idea tan ambiciosa como polémica: una gestión compartida con Irán.

Lejos de la diplomacia tradicional, el mandatario apeló a su estilo directo y hasta irónico. "Será controlado conjuntamente… yo y el ayatola, quien sea el ayatola", lanzó, en una frase que mezcla provocación y mensaje político. Detrás de esa declaración hay algo más profundo: la intención de mostrar control en medio de una negociación extremadamente delicada.

Pero el tono cambió cuando habló del trasfondo militar. Trump sostuvo que los ataques iniciales del conflicto golpearon fuerte a la estructura de poder iraní, y fue ahí donde dejó caer la bomba discursiva sobre un posible cambio de régimen. Una definición que, en términos geopolíticos, implica un salto de escala.

Aun así, intentó bajar la temperatura al reconocer que existen señales de distensión. Según explicó, Estados Unidos mantiene conversaciones con una figura "clave" dentro del sistema iraní, alguien con peso real aunque no sea el líder supremo. Un canal paralelo que podría abrir la puerta a una salida negociada.

En esa ingeniería diplomática aparecen nombres conocidos: Steve Witkoff y Jared Kushner, hombres de confianza del entorno trumpista, ya están sentados en la mesa de negociación. Sin embargo, el hermetismo es total respecto al interlocutor iraní.

Entre amenazas veladas, guiños diplomáticos y propuestas inesperadas, Washington juega a dos puntas: presiona y negocia al mismo tiempo. Y en ese delicado equilibrio, el estrecho de Ormuz vuelve a convertirse en el epicentro de una pulseada que puede redefinir el mapa de poder en Medio Oriente.

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