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Putin aprieta el acelerador natalista: mujeres sin hijos, al psicólogo y bajo la lupa del Estado

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En una Rusia cada vez más obsesionada con revertir su caída demográfica, el gobierno de Vladimir Putin dio un paso que ya genera ruido dentro y fuera del país: recomendar que las mujeres que no quieran tener hijos sean derivadas a un psicólogo. Sí, la decisión personal pasó a ser un tema clínico.

La medida forma parte de una actualización en los controles de salud reproductiva y, aunque no es obligatoria, instala un mensaje potente —y polémico—: no querer ser madre ya no es solo una elección, sino algo que el Estado considera digno de "evaluación".

Un formulario, una respuesta y una consecuencia

El cambio se esconde en un cuestionario aparentemente rutinario. Entre preguntas médicas y hábitos de vida, aparece una clave: "¿Cuántos hijos le gustaría tener?". Si la respuesta es "ninguno", el protocolo recomienda derivación psicológica.

El dato no es menor: la misma lógica no aplica a los hombres. En su caso, la pregunta se formula de manera más flexible y sin consecuencias clínicas. La diferencia dejó en evidencia un sesgo que ya empezó a incomodar incluso dentro del propio sistema político ruso.

La obsesión por la natalidad

Detrás de la medida hay un problema estructural que preocupa —y mucho— al Kremlin. La natalidad en Rusia está en mínimos históricos: en 2024 nacieron apenas 1,2 millones de personas, el número más bajo en 25 años.

Para un país con vasto territorio y una población en retroceso, el dato es alarmante. Y explica por qué el gobierno viene desplegando una batería de políticas cada vez más agresivas para incentivar la maternidad.

Incentivos, presión y polémica

En paralelo, varias regiones comenzaron a ofrecer incentivos económicos para embarazos, incluso en adolescentes y estudiantes. Bonos de hasta 150.000 rublos buscan adelantar la maternidad con la lógica de aumentar la cantidad total de hijos por mujer.

Pero el efecto es, por ahora, limitado y controvertido. Las cifras de beneficiarias son bajas y crecen las críticas por lo que muchos consideran una "normalización" del embarazo adolescente.

El regreso de la familia "ideal"

El giro no termina ahí. En los últimos años, Rusia avanzó con medidas que refuerzan una visión tradicional de la familia: desde restricciones a discursos "childfree" hasta sanciones vinculadas a decisiones reproductivas.

La recomendación de enviar a mujeres al psicólogo se suma a ese paquete, consolidando una línea política donde la maternidad deja de ser solo una opción para transformarse en un objetivo de Estado.

Una decisión que abre debate

Aunque el procedimiento no es obligatorio, el mensaje es claro: el Estado ruso empieza a intervenir en decisiones íntimas con argumentos demográficos.

La pregunta que queda flotando es incómoda: ¿hasta dónde puede avanzar un gobierno cuando la crisis poblacional se convierte en prioridad política?

Por ahora, en Rusia, la respuesta parece inclinarse hacia un camino donde la vida privada empieza a ser terreno de intervención pública. Y eso, inevitablemente, ya genera ruido.

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