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Cristina arrancó con chicana y tensión: el juicio de los Cuadernos tuvo un inicio electrizante

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La escena en Comodoro Py no fue una más. Cristina Fernández de Kirchner volvió al centro del ring judicial y lo hizo fiel a su estilo: con ironía, incomodidad y un mensaje político entre líneas. El inicio de su declaración en la Causa Cuadernos estuvo lejos de ser protocolar y dejó en claro que la ex presidenta no piensa transitar el proceso en silencio.

Todo empezó con una pregunta que, en otro contexto, pasaría desapercibida. Pero no esta vez.

"¿Tiene algún apodo?", lanzó uno de los jueces. Y ahí, Cristina clavó el primer golpe: "No, me dicen Cristina. Podría decirle algunos otros, pero no me parecen adecuados". Sonrisa irónica incluida. El tono de la audiencia quedó marcado desde ese instante.

De trámite formal a cruce incómodo

El interrogatorio de identificación, que suele ser un mero formalismo, se transformó en un terreno incómodo. Cada pregunta encontró una respuesta con filo.

Cuando le consultaron por su domicilio, no dejó pasar la oportunidad: "San José 1111. Es de público y notorio", disparó. Y fue más allá, deslizando una crítica implícita a su situación judicial: sus condiciones de vida, dijo, también son "de público y notorio".

La tensión escaló cuando llegaron preguntas más sensibles, como las referidas a sus padres o antecedentes penales. Cristina frenó el trámite, pidió que repitieran la consulta y dejó expuesta su incomodidad.

La prisión domiciliaria, sobre la mesa

Desde el banquillo, la ex mandataria recordó que cumple prisión domiciliaria, un dato que no pasó inadvertido y que utilizó para cuestionar el sentido de algunas preguntas.

El tribunal intentó encauzar la situación, aclarando que se trataba de un procedimiento estándar. Cristina aceptó seguir, pero sin resignar el tono crítico.

Un mensaje directo al corazón de la causa

El cierre de ese primer tramo dejó otra señal fuerte. "El único antecedente penal que tengo es la condena de Vialidad", afirmó, y remató: "de la que pienso comenzar a hablar precisamente en este momento".

No fue una frase más. Fue un aviso.

Cristina no sólo se defendió: anticipó que buscará convertir su declaración en una plataforma para cuestionar las causas en su contra. Y, como ya es costumbre, lo hará mezclando defensa judicial con discurso político.

Un juicio que promete alto voltaje

El arranque dejó en evidencia que el proceso estará lejos de la monotonía. Cada intervención, cada cruce y cada palabra parecen pensados para algo más que el expediente.

En tribunales lo saben: cuando Cristina habla, no sólo declara. También disputa el relato.

Y este juicio recién empieza.

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