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EL DIARIO digital
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La detención de Alex Saab en Caracas no es un episodio más en la larga saga del chavismo bajo presión. Es, más bien, una señal política. Ruidosa. Incómoda. El empresario señalado como testaferro de Nicolás Maduro fue capturado por los servicios de inteligencia venezolanos y trasladado a El Helicoide, el mayor centro de detención del régimen, en lo que distintas fuentes describen como una operación con proyección internacional y destino probable: la extradición a Estados Unidos.
La información fue difundida por Radio Caracol de Bogotá y confirmada por el sitio opositor El Pitazo, que detalló que el operativo se realizó durante la madrugada de este miércoles y que contó con la participación del FBI. El dato no es menor. La escena habla más de la presión externa que de una repentina vocación institucional del chavismo.
El Helicoide, lugar al que fue enviado Saab, no es un sitio cualquiera. Es el corazón del sistema de detención del poder venezolano, un símbolo que Delcy Rodríguez había anunciado que cerraría "próximamente". Por ahora, sigue funcionando. Y recibiendo nombres pesados.
Según la emisora colombiana, Saab empresario de origen colombiano y doble nacionalidad venezolana habría sido capturado para ser extraditado a Estados Unidos. En paralelo, se informó sobre la detención de Raúl Gorrín, dueño del canal Globovisión y también señalado como testaferro de Maduro, sancionado por la Oficina de Control de Activos Extranjeros del Departamento del Tesoro estadounidense por el pago de sobornos millonarios a funcionarios venezolanos.
Saab no es un desconocido en la trama del poder. De contratista de viviendas sociales pasó a dirigir una red de importaciones clave para el gobierno de Maduro. Recibió la nacionalidad venezolana, un título de embajador y la protección política suficiente como para integrar el gabinete hasta poco después de la captura de Maduro, ocurrida el 3 de enero. Tras ese hecho, fue cesanteado como ministro de Industrias. El dato es revelador: cuando el poder se debilita, el círculo se achica.
La historia judicial de Saab ya tuvo capítulos internacionales. En 2020 fue detenido en Cabo Verde durante una escala técnica rumbo a Irán, adonde viajaba para negociar acuerdos petroleros en nombre del gobierno venezolano. Fue extraditado a Estados Unidos, donde la Justicia lo acusó de siete cargos de lavado de dinero y uno de conspiración, señalándolo como el testaferro de Maduro y acusándolo de transferir unos 350 millones de dólares desde Venezuela a cuentas controladas en Estados Unidos y otros países.
En diciembre de 2023, Saab recuperó la libertad tras un canje por ocho estadounidenses detenidos en Venezuela, luego de recibir un "perdón" del entonces presidente Joe Biden. El chavismo siempre negó las acusaciones y sostuvo que el empresario actuaba como representante diplomático. La Justicia estadounidense sostuvo lo contrario.
Hoy, con Maduro capturado y sin la protección política que supo blindarlo, Saab vuelve a quedar expuesto. Esta vez, detenido en su propio país y alojado en el mismo aparato represivo que durante años sostuvo al poder que lo elevó. El mensaje es claro: en tiempos de asedio, los testaferros dejan de ser intocables y pasan a ser moneda de cambio. En política, como en los negocios, la lealtad dura lo que dura la conveniencia.